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Doña Berta Pérez-Camacho


4/may/03 21:29 PM
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AQUELLO de que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer puede extenderse a que detrás de unos buenos hijos hay siempre una buena madre. Ambas cosas valen para doña Berta Pérez-Camacho Luján, esta sencilla y gran mujer que acaba de morir. La sencillez es inherente a la grandeza de alma y esta dama palmera irrepetible tenía, de sobra, esas y otras cualidades. La conocí hace años, cuando sus hijos Antonio y Miguel eran unos muchachos. El marido de doña Berta era don Antonio Cabrera, un notable abogado que, aparte de destacar como jurista, era persona de una gran simpatía y excelente sentido del humor. Fue un caballero de pies a cabeza, al que tuve ocasión de ver en acción cuando defendió, durante un juicio en la Audiencia, a algunos de mis compañeros de banquillo. Comparecimos ante los jueces, entre otros, el entonces director de este periódico, Ernesto Salcedo; el trabajador tipográfico de EL DÍA , Juan Pedro Ascanio, y un servidor, acusados, todos, de "calumnias e injurias", que eran las demandas de moda contra los periodistas en aquellos tiempos. Recuerdo que quedé admirado de las impecables formas, clásicas en juristas de antaño, de aquel letrado extraordinariamente elocuente.

Con anterioridad había conocido al matrimonio Cabrera-Pérez-Camacho en su casa, creo recordar, de la calle Enrique Wolfson. Fui a tomar datos para una información, que publicó este diario, sobre un acontecimiento sonado en todo el mundo. Un muchacho tinerfeño tuvo intervención destacada en un proceso de canonización, el del frayle Martín de Porres. La ceremonia se celebraría en el Vaticano en esos días y a ella había sido invitado el "milagretto", que decía don Antonio, el padre de ese jovencillo, que era Antonio Cabrera Pérez-Camacho. Antonio, hoy médico como su abuelo, el galeno más popular, más estimado y más querido en La Palma.

Fray Martín de Porres había hecho el milagro de sanar a Antonio de una enfermedad incurable, a decir de los médicos, entre ellos, el notable traumatólogo don Miguel López. El caso de Antonio Cabrera Pérez-Camacho fue decisivo para la canonización del popular Santo negro, conocido por "Fray Escoba".

Me viene a la memoria la grata impresión que me produjo aquella mujer sencilla y amable, madre del "milagretto", que tenía una fe enorme y una devoción grande por el que aún era beato. Ella tuvo que ver con la colocación de la estampa del beato Martín de Porres en la pierna en la que su hijo Antonio sufría el mal que no cedía con ningún medicamento. Y vio confirmada e incrementada su fe cuando se produjo el milagro de la curación.

En todos estos años me encontré varias veces con doña Berta; la última, en un acto organizado por la Federación de Sociedades Protectoras de Animales para entregar los premios que llevan el nombre de su hijo Miguel, artífice de la Ley Protectora aprobada por el Parlamento de Canarias tras una iniciativa legislativa popular que encabezó él mismo.

En el corazón de doña Berta, que tantos amores atesoraba, había un hueco grande para los animales. Compartía y estimulaba el amor que siente su hijo Miguel por esos seres indefensos por los cuales tanto ha hecho y sigue haciendo. Descanse en paz la gran mujer y madre modelo entre tantas madres.