Criterios

Cuénteme un cuento


4/may/03 21:29 PM
Edición impresa

COINCIDIENDO con la semana de exaltación del libro, algunos de nuestros representantes políticos han pasado por distintos atriles para leer cuentos a los más pequeños. El comentario irónico estaba servido: "No les costará ningún trabajo contar cuentos porque lo hacen casi todos los días". Seguramente no será para tanto, pero lo cierto es que resultaba bastante curioso escuchar a personas que asociamos con obras, proyectos, críticas, réplicas, denuncias y elecciones municipales hablar de la luna, de niños pequeños, de hadas y otros personajes fantásticos.

Se suele decir que el camino más corto entre una palabra y la verdad es un cuento. Tal vez sea así, aunque en ocasiones la palabra "cuento" tiene un sentido peyorativo, completamente alejado de la verdadera esencia.

En todo caso, lo que suena mucho mejor a casi todos los oídos ?a lo mejor también hasta más verdadero? son los cuentos, esas pequeñas historietas de final feliz donde uno sabe siempre dónde están y quiénes son los buenos y los malos, los déspotas, los serviles, los ogros con buen corazón y a los que les gusta comerse niños. Hay ositos que hablan, cabritillos que se esconden de los lobos feroces, gnomos que viven en el bosque, hadas y duendes traviesillos, pero buena gente en el fondo.

Por eso no es malo que nuestros políticos bajen de vez en cuando a este pequeño mundo de la fantasía, para recordar los niños y niñas que fueron en su día y volver a contemplar la luna; esa luna hechicera que ha dado pie a tantas reflexiones y a tantas historias fantásticas de esas que tienen sabor a noche, a invierno y a hoguera.

Desde luego que no es malo. Máxime en estos días que ahora vivimos con el motor de la campaña electoral funcionando a tope de revoluciones y con la vista puesta en los comicios municipales del día veinticinco. Una época, esta, propia para que abunden cuentos de los otros. Los de promesa fácil y oportunista, dicha para arañar algunos votos o una voluntad endeble. Cuentos de media verdad o media mentira, sin final feliz.

Miguel Zerolo soltó por la radio que está en proyecto, o en estudio, construir una nueva playa artificial entre la desembocadura del Barranco de Santos y el Auditorio. Qué quieren que les diga. Estar en estudio es como no estar. Forma parte del abecé del político, que jamás dirá que no, sino que se está estudiando. Es, para entendernos, una respuesta de catálogo, con las innegables ventajas de otorgar tiempo y esquivar preguntas incómodas. El estudio no es más que un limbo del que es complicado salir y menos aún antes de que los candidatos se midan en las municipales.

Zerolo soltó su bomba publicitaria, que es lo que mejor se le ha dado siempre. Lo que todos querían oír. Una alternativa mejorada al enrevesado y zigzagueante proyecto de las Teresitas, playa que ?póngale el cuño? podemos dar por perdida. Las Canteras en Santa Cruz. ¿Hay quién dé más? Claro, que para eso habrá que trasladar el muelle a la nueva zona portuaria que se "construirá en el sur". Uno escucha estas cosas y, claro... te gustan. Luego bajas por la autopista, miras a Santa Cruz, y te dan ganas de pegarte un tiro de leche en polvo. ¿Qué ves? ¿El flamante y recién estrenado edificio insignia de la Isla? No, sino un mostrenco y desentonado edificio que lo tapa todo, que atrae todas las miradas y las llena de desencanto y frustración. Y está creciendo otro igual al lado. Esto no está en estudio. Es la desagradable realidad, responsabilidad del mismo que promete la nueva playa. El viejo rascacielos siempre lo vimos como un borrón. Ahora son tres y más grandes. ¡Ah! Y qué pensarán los vecinos de San Andrés, tras tantas campañas soportando las promesas de la escollera. "La historia interminable"... al escuchar lo de la nueva playa... Dinero selectivo. Hay muchas maneras de mofarse, ¿verdad, señor alcalde?

Lo dicho, nuestros políticos deberían leer cuentos más a menudo, no sólo coincidiendo con la Feria del Libro. Y deberían hacerlo para ellos mismos o para los niños. Eso los humaniza y los hace mucho más cercanos y, a lo mejor, más verdaderos. Colorín colorado, este cuento, por desgracia, no ha acabado.

Felicidades a todas las madres, ellas sí que son la verdad más generosa.