Criterios

El centro por los cincuenta


2/jun/03 21:32 PM
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PROMETÍ NO HABLAR de política hasta después de las elecciones, por ello voy a retomar los recuerdos de los cincuenta y tantos, y hablar de aquellas personas con las que me topé en esa época.

Trabajaba en el edificio de la calle José Murphy, donde estaba la Mutualidad Laboral, que ahora está vacío y abandonado. Haciendo esquina con Castillo, estaba el banco de Vizcaya, y enfrente, el edificio de los Orozcos, donde había tiendas diversas, como una sombrerería o el establecimiento de "Blanquito" el hindú, que era de lanas pero que antes fue de material eléctrico. En ese mismo edificio estaba también el Bazar Sayler, que después fue la sala de fiestas de Albiani, donde pude oír tocar el piano y cantar a Renato Carosone, y que posteriormente se convirtió en el Corinto, de mi recordado amigo Federico Rodríguez Martín, propietario también de "La Peña" y del "Cuatro Naciones", dos notables lugares de reunión de la sociedad tinerfeña de esa época. En el mismo edificio compartían oficinas varios abogados ilustres, el consulado de Mónaco, Estadísticas y una griega llamada Galioppe Condopouslos, que representaba al famosísimo armador Onassis.

Por aquella oficina, donde trabajaba, pasaba mucha gente importante, especialmente de apellidos ilustres tinerfeños. En una ocasión, tuve la oportunidad de ver al entonces Príncipe Rainiero, que visitaba su consulado, que representaba don JuanFuentes Beltrán, también delegado de Iberia. Aquello fue un acontecimiento en todo el edificio. Todos quisimos saludar al joven Príncipe de Mónaco, que después ha tenido una vida de opulencia, pero bastante desgraciada. Fue atento, saludó muy amablemente y tuvo palabras cariñosas para todos.

Recuerdo una anécdota ocurrida al abogado don Pedro Sevilla. Un día, una clienta armó tal revuelo que nos tuvo prácticamente todo el día sin poder salir a la calle. Esta buena mujer se estaba "beneficiando" al novio de la hija y los tres dormían en la misma cama, claro está, ella en el medio y los chicos uno a cada lado. Pero una noche observó cómo un cuerpo pasó por encima de ella, metió la mano, y comprobó, según su versión, cómo el joven le estaba mandando los manises a su hija. De ahí surgió el gran pleito, y don Pedro tuvo que esconder al chico en la oficina, porque la señora lo esperaba en la calle con un gran machete para cargárselo. Lo que empezó por la mañana, acabó bien entrada la noche, después que la policía pudo llevarse detenida a la mujer.

Por el café La Peña transitaban tantos personajes célebres que sería muy prolijo enumerarlos, pero poco a poco iré desvelando sus historias. No me resisto a relatarles otra anécdota. Un importante gestor de la Cervecera, que tenía que ver con la producción, llegó un día muy contento a comunicarles a sus amigos la extraordinaria noticia del embarazo de su esposa, por lo que fue muy felicitado por todos. Pasaron unos meses, y un día llegó muy triste a tomar el cafecito. Los amigos le preguntaron qué le pasaba, el porqué de esa tristeza; y él contestó que su esposa ya no estaba en estado, que era aire. Todos lo consolaron, e intentaron que no le diera importancia, porque habría otra ocasión, y él dijo que ya lo había superado, pero que el problema surgía cuando pasaba por la parada de camiones, y todos los transportistas le decían: ¡préstamela para inflar la recámara!