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Por una coma


20/jun/03 21:34 PM
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TENGO LA IDEA de que la frase se la debemos a Cioran, filósofo francés de origen rumano y genio del pensamiento aforístico. En cualquier caso, da igual. No pasa de ser una de esas boutades que los intelectuales sueltan para epatar al personal: "sueño con un mundo en el que se muera por una coma". Oiga, mire, señor Cioran, no exageremos. Vale que los signos de puntuación son como los padres, que si no se les respeta y cada cual va a su bola, no hay manera de entenderse; pero de ahí a morirse... Claro que la afirmación del filósofo se comprende más fácilmente si se recuerda que una de sus obras más celebradas se titula Del inconveniente de haber nacido. Pues, vale. Y que conste que yo a este hombre es que le entiendo porque una coma olvidada, superflua o a trasmano me puede dar el día.

Con mayor frecuencia de la que quisiera, estos papelitos contienen algún dislate: una pifia por aquí, una errata por allá, un signo de puntuación al desgaire. Lee y relee uno el original, lo remite confiado y el día de su publicación el ojo detecta enseguida la metedura de pata. Y si se te pasa por alto, nunca falta el amigo, solidario o burlón, que te llama para mortificarte. A estos efectos (o defectos), da casi igual que el responsable del resbalón seas tú o esos socorridos duendes de la imprenta; aunque cuando el error es de otro, se tiene la tentación de llamar por teléfono y espetarle: "oiga, pollo, bastante me equivoco yo solito, para que encima usted ponga de su propia cosecha". Vamos, más o menos como cuando Di Stéfano, harto de que su propio portero pareciera uno más del equipo contrario, le soltó: "flaco, con los balones que van a portería, haz lo que quieras; pero los que van fuera, no los desvíes a puerta, pelotudo".

Nadie merece morir por una coma, pero mi profesora de lengua en el instituto siempre nos contaba la triste y exagerada historia de aquel condenado a muerte que acabó muriendo por una coma. El reo escribió al rey solicitando clemencia. Conmovido por los argumentos del infortunado, el monarca accede a indultarlo y garabatea una nota urgente con instrucciones para el alcaide de la prisión: "Perdón, imposible cumplir condena". Para desgracia del condenado, el secretario real, por negligencia o ignorancia del valor de un signo de puntuación, transcribió la nota desplazando la coma una palabra más allá: "Perdón imposible, cumplir condena".