Criterios

El maestro y el pueblo


20/jun/03 21:34 PM
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EN EL NÚCLEO viejo del pueblo palmero de Tijarafe hay una pequeña calle, cuidadosamente empedrada, como casi todas, que se llama "18 de Julio", porque allí a los socialistas no les ha entrado aún la matraquilla del cambio de nombres. En esa calle, donde se sitúa el Ayuntamiento, hay una casa terrera que tiene en su frontis una lápida con la siguiente inscripción: "Al maestro don Manuel Pérez Hernández, Hijo Predilecto de Tazacorte". Don Manuel Pérez dio clase a todos los habitantes del pueblo que hoy van por los sesenta años largos y a muchos más. Para llegar, entonces, a aquella escuela, muchos niños de Tijarafe tenían que recorrer varios kilómetros de empinadas cuestas, porque el pueblo se hizo en una ladera que empieza en el mar y termina en el borde de la Caldera de Taburiente. Pero ninguno de los que aún vive lo lamenta. Al contrario, están orgullosos de haber sido alumnos de don Manuel y estiman como una suerte haber podido conocerlo y recibir sus enseñanzas.

Don Manuel Pérez construyó, a sus expensas, aquella modesta casita terrera que luego cedió al Ayuntamiento para que fuera escuela pública del pueblo. Me cuentan que no sólo ejerció su magisterio entre los pequeños y muchos maduros, sino que fue un consejero permanente para todos, un defensor, propagador y vigía constante de las buenas costumbres. Me dicen que hasta arregló matrimonios. Hoy aquella escuela, sin restarle o cambiarle sino sólo cuidarle sus dependencias, está dedicada a museo y, en cierto modo, a centro de estudios de costumbres, artesanía, tradiciones, en definitiva, de historia de Tijarafe. Lleva el nombre de "Centro Científico Casa del Maestro". Algo exageradillo, pero los palmeros son así y eso no es malo.

Con todo lo expuesto quiero llegar a la conclusión de que un pueblo que honra a sus maestros no es sólo agradecido y justo, sino que demuestra su inclinación hacia la educación y la cultura. Y eso, como dije en comentario anterior, lo pone de manifiesto cada vecino en su habitual comportamiento.

Recorrí parte del pueblo con el alcalde don Juan Manuel González Luis, que ha sido reelegido y que ya constituyó su nueva corporación. Por cierto, que no he visto citados, en las informaciones de varios medios, a los ayuntamientos de pueblos modestos como Tijarafe y Punta Gorda. Me ha chocado y no creo que merezcan ese silencio. El alcalde me mostró el edificio, en construcción, de la nueva Casa Consistorial. Las obras han durado años y durarán más porque a Tijarafe le llega a cuentagotas el dinero de la UE, que se despilfarra en obras muchas veces innecesarias. En el recorrido por el núcleo antiguo, he dicho al alcalde que no toque nada, que no cambie ni una teja y que siga conservando todo lo que se ha destruido en otros muchos de nuestros pueblos. No hacía falta el ruego, porque el alcalde, profesional de la construcción como aparejador, es consciente y valedor de ese auténtico tesoro. El alcalde me mostró una piedra, cortada a manera columna, en la cantera del barranco de Carome, situado en el límite de Tijarafe y Punta Gorda. Esa piedra, que tiene cuatro metros y 32 centímetros de alto, será la base de un monumento que Tijarafe erigirá al pastor nómada de la Caldera, un símbolo de aquella bella comarca palmera.