Criterios

Madrid, en verano


1.-
6/jul/03 21:35 PM
Edición impresa

1.- Corre la horchata por La Castellana y la umbría se esconde en no se sabe dónde, mata el sol de Madrid desde Recoletos a El Prado. En el museo se recrea la vista el visitante de domingo con la exposición de fotos de la guerra civil: a los rojos que salvaron el patrimonio nacional, Franco, en vez de premiarlos, los condenó a cadena perpetua y a veces al fusilamiento. Sus familiares y amigos los han llorado con el testimonio fotográfico de su heroicidad: en los bombardeos y en los saqueos, ellos siguieron el rastro de lo robado y de lo semidestruido y lo devolvieron al Estado. Una exposición hace homenaje a su sacrificio de patriotas. Madrid en verano es el desierto, pero los americanos han vuelto a llegar y pasean su indumentaria hortera y su casi sempiterna falta de cultura por la Plaza Mayor, en donde el pintor Villanueva, el más famoso de los que allí son, vende sus lienzos modernísimos; como rosquillas. Mereció Villanueva hace tiempo reportaje en periódico de campanillas y desde entonces se cotiza más. Le encargué, y me hizo, cuatro enormes cuadros que cuelgan en mi casa de Madrid sobre cuatro rincones históricos del Puerto de la Cruz, pueblo del que mi memoria no puede desembarazarse.

2.- Madrid es churro mañanero y conversación en ese Café Gijón, que es como el patio de mi casa, y al que ya no van sino unos pocos: el Algarrobo , a veces Mingote , porque los habituales, entre ellos el inolvidable César González-Ruano , se fueron hace mucho tiempo. A César lo conocí en el Puerto, siendo un niño, de la mano de Isidoro Luz , su gran amigo del alma. Siempre se me pareció a Dalí , con su bigote finito y su forma de hablar. Escribía incluso en el papel platina de las cajas de cigarrillos, sobre una mesa de mármol del Gijón, en medio de aquella nube de humo. En las paredes del café han quedado los testimonios de muchos de los que fueron sus clientes, que dibujaron para la historia un trozo de sus recuerdos. Y en la puerta, el pesadísimo Alfonso , el hombre que vende cigarros y periódicos, al que todo el mundo respeta como una institución, pero que para mí es un soberano palizas.

3.- Madrid en verano es terraza al aire libre y conversación hasta el amanecer, como si la ciudad nunca durmiera, que nunca duerme, y como si el bullicio de la mañana se hubiese trasladado a la medianoche. Disfruto dando vueltas sin rumbo por el Madrid viejo, viendo radios antiguas o recolectando postales tinerfeñas y recuerdos de la Isla. Porque uno está harto de la Isla pero cuando sale de ella empieza a funcionar el imán y entonces mi casa de Madrid es como una especie de rastrillo de Canarias, en donde han vuelto a territorio comanche objetos que el destino había desperdigado por el mundo entero. Madrid es mucho Madrid.