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Reflexión veraniega: ¿quién es el padre Magallón?


16/jul/03 21:37 PM
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"VAMOS A CONOCERLO, amigos lectores", que ha de fortalecer nuestra reflexión veraniega. Su nombre es Pablo. Nació en Aix en 1784. Su padre era abogado general del Parlamento de Provenza y su madre hija del marqués de Argens, el célebre amigo de Voltaire y de Federico II de Prusia. Fue educado cristianamente y siguió la carrera de las armas. Por su entrega en este servicio fue condecorado con la Legión de Honor, atendiendo al valor que había puesto en la lucha de Wagram.

Durante la retirada de las tropas de Napoleón en su desastrosa campaña contra Rusia, Pablo Magallón cayó enfermo en Polonia oriental; fue tomado como prisionero y lo internaron en Saratow. A su regreso a Francia en 1814 abandonó la carrera militar. El antiguo capitán buscó el nuevo camino que debía seguir en su vida. Descubre en sí mismo que este camino es ser enfermero. Y se encontró con él. Estando en Marsella en la primavera del año 1819, al salir de hacer una visita a la iglesia de Nuestra Señora de la Guarda, le llamó la atención la presencia de tres jóvenes que, modestamente vestidos, pedían por los puestos con una cesta en la mano.

Terminada la colecta, le movió la curiosidad de seguirles discretamente hasta la entrada del hospital del Espíritu Santo. Se entera de que sirven gratuitamente a los enfermos del hospital y piden para ellos. Para el ex capitán esto era un rayo de luz y pide a estos enfermeros voluntarios que le admitan como compañero. Ellos acceden a sus deseos y Pablo Magallón encuentra su camino definitivo.

Este grupo de enfermeros va aumentando y ya su labor de asistencia y limosna alcanza también a los enfermos del hospital de San Lázaro, donde Pablo Magallón se encarga de asistir a los enfermos mentales. Para que fueran distinguidos estos enfermeros voluntarios de entre los seglares, visten un hábito talar y toman un nombre de religión. Pablo Magallón toma el nombre de Juan de Dios. Poco después, Pablo Magallón es nombrado superior y establece un noviciado para los nuevos enfermeros voluntarios, bajo la advocación de Ntr. Sra. de la Santa Cruz. Pablo Magallón se pone en contacto con el superior general de la Orden Hospitalaria en Roma, padre Pelegrini. Éste le acoge y le anima a que sea el restaurador de la Orden en Francia. Le entrega la Constitución de la Orden y el modelo de hábito, algo diferente del que habían adoptado. Con arreglo al texto de dicha Constitución, redactan unos estatutos de acción, que fueron aprobados por Mgr. De Beauset, arzobispo de Aix, adoptando como regla la de San Agustín.

Tiene frecuentes encuentros con el superior general de la Orden Hospitalaria en Roma, hasta constituirse canónicamente la Provincia Francesa en 1853. Las obras de la Orden ya se habían extendido, desde Marsella a Lyon, Lille, París (dos centros) y Dinan. Todos, destinados para remediar las necesidades más abandonadas en Francia: los enfermos mentales y la polio en la niñez.

En 1830 se encontraba en París, gestionando la fundación de Dinan y en una de las calles, un grupo de revolucionarios peligrosos, le grita: "¡Abajo el cura! ¡Abajo el jesuita!". "Yo no tengo ?les contesta con serenidad y firmeza? el honor de ser cura ni jesuita; yo no soy más que un pobre hermano de San Juan de Dios, que sirvo a los enfermos y a los locos; os ofrezco mis servicios". Estas palabras hicieron reír a cuantos las oyeron, y contuvieron a los insultantes, pues calladamente se alejaron saludándole militarmente. ¡Cuánto dice este hecho de la gran personalidad humana y sobrenatural de este hijo de Juan de Dios! Así lo percibió M. Guthe-Soukard, arzobispo de Aix, que le había tratado mucho tiempo: "El P. Magallón fue la más viva imagen de la caridad". Y el Papa Pío IX, que le había visto y hablado con él en uno de sus viajes a Roma, al enterarse de su muerte, dijo: "¡Ah!, el buen padre Magallón, ¡qué religioso de San Juan de Dios!, ¡qué santo!".

Este fue el padre Magallón. ¿Qué cimiento, qué pilar para la Restauración y pervivencia de esta Provincia de la Orden en Francia, y qué mayor recuerdo conmemorativo en el IV Centenario de la llegada de los Hermanos de San Juan de Dios (1602-2002) a esta nación europea. A la clausura de este acontecimiento he tenido la dicha de asistir junto con otros religiosos españoles, durante los días 25, 26 y 27 de abril pasado.

* Capellán de la Clínica San Juan de Dios