Criterios

Gratitud a los médicos públicos


16/jul/03 21:37 PM
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NO CABE DUDA de que nuestro planeta está lleno de buenas intenciones, de gente burócrata que pasa horas y horas sentada ante una mesa en busca de una simple definición que trate, lo más eficazmente posible, de conseguir aclarar una situación insostenible que se extiende cual desgracia pública. Es el caso de la Organización Mundial de la Salud, que ha enunciado lo que debe entenderse por salud: "El estado de completo bienestar físico, psíquico y social", demostrando así, entre otras cosas, un total desconocimiento de cómo funciona la sanidad en Canarias. Es plausible que una serie de señoras y señores se reúnan para tratar de poner remedio a uno de los más graves problemas con los que tiene que enfrentarse el ciudadano de a pie, esto es, aquel que no tiene otra opción que acudir al Servicio Canario de Salud, un ente gigantesco, deshumanizado y desorganizado donde se afirma (nos lo han dicho directamente) que el enfermo, por el hecho de pagar obligatoria y mensualmente, no tiene, necesariamente, derecho a exigir salud. Y hablamos de una sociedad supuestamente avanzada, como dicen machaconamente los que están en el Gobierno Autonómico, y no de la lastimosa y deplorable situación que se vive en países tan próximos a nosotros.

El espectáculo diario en los hospitales canarios ofrece la posibilidad de caer en una reflexión que nos lleve a preguntarnos cómo demonios aguanta tanto el paciente canario ante el estigma que le nace en el cuerpo y en alma cuando lo sitúan, como a un mueble, en un pasillo de cualquier servicio de Urgencias, y cómo demonios, también, el pueblo no se manifiesta, como lo de Vilaflor, en contra de algo muchísimo más importante como es su de-re-cho a ser atendido con prontitud y dignamente.

La institución con sede en Ginebra ignora, suponemos, las actividades extraprofesionales que se están generando, cada vez con mayor entusiasmo, en torno al mundo de un paciente. Una enfermedad no es sólo el trastorno funcional de un órgano. Afecta a toda la persona, a toda su vida y a toda su familia. Y muchos, a sabiendas de que la sanidad pública no puede ofrecer nada de lo que se apunta en la citada definición, se lanzan con verdadero ímpetu a la construcción de clínicas privadas donde destaca el servicio hostelero por encima del puramente médico. Hay que recordar que, por ejemplo, Urgencias del hospital de La Candelaria soporta diariamente más de 300 casos y éstos se resuelven con salarios bajos, con una pésima gestión y con medios insuficientes. Pero, por encima de este panorama negro, está la profesionalidad, la dedicación y la resistencia física y psíquica de profesionales públicos que curan y miman a los que padecen enfermedad. Actitud que se acerca mucho, a pesar de los burócratas, al mundo de los afortunados. Y eso, hoy, habría que agradecerlo y premiarlo.