Criterios

Libradnos de tanta bazofia


3/ago/03 21:39 PM
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NOS CONTABA Alberto, hace unos días en nuestra tertulia, que le sorprende y con razón que estemos cayendo en la tentación de considerar como normales una serie de anomalías o desviaciones con las que convivimos, que nos parecen intrascendentes pero que van minando nuestra sociedad. Se refería a que hay todo un catálogo de prioridades que ya preocupan a nuestros dirigentes y están en vías de solución, como son: los miles de parados que hay, con el angustioso problema que supone y el costo de mantenerlos; la de miles de inmigrantes que huyen de la violencia y de la miseria; la de miles de ancianos, población cada vez más numerosa, en la más absoluta soledad que todavía no tienen una residencia donde obtener el trato que todos les debemos, especialmente en los municipios más pequeños; la de miles de enfermos en lista de espera y la de mujeres sometidas a situaciones personales o profesionales vejatorias que precisan de defensa legal y social; la de miles de jóvenes que fracasan año tras año en sus estudios, sin que nadie, salvo sus padres, parezca preocuparles el asunto y a algunos padres a veces tampoco; la de jóvenes sub-empleados cobrando míseros sueldos cuya realidad es sólo una estadística; la de familias afectadas por la droga... Pues con todo ello, que es el eje del programa de cualquier partido político, estamos cayendo en la tentación de darle exagerada importancia a cuestiones que nos ocupan las mejores energías.

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Se refería al protagonismo que ha tomado la batalla que se libra en Euskadi, zona de discordia, en la lucha por la libertad frente al totalitarismo, lo que ha motivado que gran parte del centro de la vida política española haya sido ocupado por una de las Comunidades más ricas del Estado, que es, al tiempo, la que goza de mayor autonomía regional en toda Europa. Volvemos a hablar un día y otro de Atutxa, de Arzallus, de Ibarretxe, del azote del terrorismo o de la detención del último comando.

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Se refería también a la pantomima contradictoria con la que nos deleita el PSOE en la Asamblea de Madrid que está ensuciando también la vida política y tiene nerviosos a los líderes socialistas, que ya piensan cambiar de analistas y de estrategas para que posiblemente don José Bono cruce el Tajo antes de lo previsto.

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Se refería esa alta repostería televisiva, reserva moral de la izquierda audiovisual, la conciencia de Occidente, que elabora Sardá, como apóstol de la mugre, calificado por Carlos Boyero como "emperador de la mierda", que ha conseguido ser uno de los mejores clasificados en el ranking de presentadores de la telebasura, escudándose en la libertad de expresión, en compañía de Teresa Campos, Fuentes, Pilar Rahola y el guapísimo venezolano Boris Izaguirre, promotor de "vocaciones", elenco que forja su popularidad en un lenguaje obsceno y agresivo, dando la sensación de que las intimidades de si fulanita y fulanito se han peleado, las discusiones y calenturas entre los participantes y las palabras subidas de tono no son otra cosa que artimañas pactadas para aumentar la audiencia. Después de terminado el espectáculo televisivo se imagina Alberto que se irán por ahí a tomar unas copas juntos y de paso se reirán a mandíbula batiente de los aplausos a rabiar que consiguen del energuménico público asistente y de las tragaderas de los espectadores. Supone que a estas fechas estarán ya de vacaciones disfrutando de los millones de pasta gansa obtenida con la mierda de esos programas, de la que muchos se chupan los dedos y otros hablan y escriben sin aportar soluciones. La mente sana en un cuerpo sano sigue siendo un objetivo incluso para los que no saben latines.

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Se refería a que por supuesto no estamos ya en aquella España idílica cuando en estos días de calor se dormía con ventanas y puertas abiertas, eran innecesarios los vigilantes jurados, cuando todos nos conocíamos. Cuando para comprometer la compra de una vaca, una cabra o un coche bastaba con estrecharse la mano y aún sin el intercambio del dinero acordado, aquel acuerdo era sagrado, sin ocasión a un postor oportunista que propiciase una ruptura del trato. De aquello a esto hay un abismo. Es otra sociedad. Los animales piensan y no razonan. Deberíamos razonar más para con nuestra mente, nuestra inteligencia y nuestra memoria ver más allá de nuestras narices, no sólo con el día a día, para organizarnos debidamente y no que nos organicen los oportunistas.

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Nos comentaba que los políticos creen que ellos mandan en nosotros. Intentan cambiar los papeles. Y añadía: les hemos votado para que como nuestros subordinados defiendan personalmente nuestros intereses, de estas y otras agresiones a esta sociedad que otros intentan deformar con atropellos a la dignidad y a la ética. Que nos liberen de tanta bazofia y actúen como nuestros representantes físicos ante el Parlamento y ante el Senado con proposiciones de Ley, oportunas que ayuden a limpiar el ambiente. De no ser así es un juego equivocado de convertir una democracia (gobierno del pueblo) en una partitocracia (poder excesivo de los partidos políticos).