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El tráfico o la locura


3/ago/03 21:39 PM
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SE NOTA, se palpa y se sufre, en estos días veraniegos en los que, teóricamente, la circulación rodada debe ser menor en carreteras y en ciudades, que, inesperadamente, se ha declarado una locura general en los que conducen automóviles. Uno, que es especialmente observador por deformación profesional, lo está notando en todas las calles y en todas las grandes vías. Me pregunto las causas de por qué es más peligroso circular por las calles de Santa Cruz cuando ya no nos atormentan los voluminosos autobuses del transporte escolar y es evidente que también mucha gente que se ha ido a veranear se va con los coches puestos. Y no encuentro otra explicación que el ansia de muchos conductores que, cuando ven, después de mucho tiempo, las vías más despejadas se les va inconscientemente el pie al acelerador como si quisieran recuperar el tiempo y la paciencia perdidos. O padecen algún trastorno mental, más o menos transitorio, debido a causas que se le escapan hasta a los mismos psquiatras.

A pesar de los muchos sucesos que publican los medios informativos y los muchos más que no publican porque la cosa queda en una escacharradura o unos arañazos, lo que me extraña es que los accidentes de tráfico no se hayan multiplicado por muchos enteros. Y es porque los ángeles de la guarda deben hacer horas extraordinarias. Precisamente, estoy pergeñando estas líneas, que gustaba decir al querido compañero Tinerfe, porque mi ángel de la guarda me salvó de dos percances que, o hubiesen acabado con esta vida que llevo, que es la única que tengo, o hubieran dejado p''a l''arrastre a este cuerpo serrano. Salía un servidor, a patita y por la rampa por donde entran los vehículos en el parking del Parque Bulevar, porque a las ocho y media de la mañana aún no funcionan los ascensores en ese complejo comercial, cuando un coche blanco, cuyo chófer quería emular a Fangio, me pasó a un palmo escaso de mi físico. Como en un sprint de llegada a la meta circuló aquel bólido por el interior del aparcamiento. Resulté ileso pero con un cabreo subido.

El segundo percance fue ese mismo día, el 29 de julio. Me salvó un mínimo titubeo en iniciar un cruce en la Avenida de Anaga, justo frente a la Comandancia de Marina, donde hay un muy visible semáforo. Sobre las ocho y media de la tarde-noche. El disco se puso en rojo momentos antes y cuando iba a pasar a la otra acera, se me cruzó, creo que conducido por Fitipaldi, un turismo, sin importarle ni la luz roja ni nada y con suerte de que ningún vehículo, ni persona, se le atravesara. Dos escapadas en un sólo día.

Estaría contando infracciones y acciones suicidas de tráfico durante varías horas. Añadiré que me tocó sufrir, entre otros, aquel embotellamiento de horas que ocurrió en la Autopistas del Sur hace tres domingos y que ha publicado la prensa.

Pero, en cuanto a remedios ?cuando ver un policía local cerca es más difícil que percibir un bicho del Parque Jurásico en plena Avenida de Anaga?, la solución puede estar en que se utilicen las cámaras-chivatas de TV, que hay una muy visible precisamente en el semáforo del incidente. Y ese testimonio no falla.