Criterios

Triste Mayor Oreja


23/sep/03 21:44 PM
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Mayor Oreja no logra desprenderse del síndrome pesimista que le aqueja desde la asignación a Rajoy del derecho de primogenitura. Tal vez por ello, y con la intención de reanimarle, Rajoy le invitó el domingo al mitin/romería en el Monte do Gozo, junto a Santiago de Compostela, donde el sucesor de Aznar fue aclamado como "presidente, presidente" por la militancia gallega del PP, en un ambiente de liberado fervor. "Soy mejor, modestia aparte, que el líder de la oposición", afirmó Rajoy, añadiendo que "voy a ganar las elecciones y a ser presidente del Gobierno".

En momentos de gran entusiasmo, alguien suele representar al pesimismo, y ese papel, junto al de un supuesto desánimo, le correspondería ahora a Mayor Oreja, por propia decisión. No duda el presidente del PP en el País Vasco de que su partido va a ganar las elecciones generales, pero adelanta como advertencia la hipótesis de que si no obtuviera mayoría absoluta, como es probable, el PSOE podría hilvanar un Gobierno "a la balear", es decir, coaligándose con los nacionalismos periféricos e insulares. Y aunque la sociedad no admitiese esa maniobra política, ni el PSOE la intentase, la advertencia de Rajoy no resulta a estas alturas reconfortante.

Se declara insistentemente Mayor Oreja a disposición de Rajoy, como están los dirigentes del partido, pero informa de que el sucesor no le habría desvelado sus proyectos, si piensa o no rejuvenecer el Gobierno, en caso de poder formarlo. Y añade que cuando Aznar le informó de que el agraciado era Rajoy, Mayor "sabía exactamente lo que no podía decir", pues "había que estar a la altura de las circunstancias".

Parece algo descorazonado o entristecido el líder vasco del PP, y no acierta a disimularlo o, tal vez, no lo pretende. Cuando en el Monte do Gozo dijo Rajoy, empleando un lenguaje guerrista, que "ahora voy a darles caña", al PSOE, se entiende, atacando los pactos socialistas en Álava, Mayor Oreja se enganchó al mitin y afirmó que esos pactos son "un ataque al pacto antiterrorista" y que "la política Maragall del PSE-EE en el País Vasco" beneficia al plan Ibarretxe. Desde las últimas elecciones autonómicas vascas, en las que falló la estrategia "popular" de vencer en las urnas junto a los socialistas a la gama del nacionalismo, inspirada por Mayor Oreja, la imagen de este político parece excesivamente especializada en un tema concreto, el País Vasco, y sin que desde su larga estancia en el delfinario de Aznar intentase proyectarse como estadista o, al menos, como hombre interesado o competente en asuntos de política exterior o económica.

Quedaría en Mayor Oreja un regusto amargo por la solución hereditaria, pues cuando se le ha preguntado por supuestas enemistades en el PP que pudieran haber obstaculizado su designación como sucesor, asegura que "el pasado pasado está, y no vamos a remover nada". Se recuerda, nada más ser elegido Rajoy, que Mayor Oreja le vaticinó "un camino con menos flores que espinas", profecía que en política suele cumplirse. La botánica y las floristerías enseñan que le sobran espinas al tallo de una sola rosa.