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Más despropósitos en Tacoronte


19/nov/03 21:51 PM
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CONOCIDA es, por su total identificación con la línea urbanística seguida en los últimos años por sus compañeros neonacionalistas en toda la isla, la peculiar interpretación que hace el alcalde de Tacoronte, Hermógenes Pérez, de lo que debe ser el concepto "ciudad-campo" aplicado a su municipio y que se ha perdido en la noche de los tiempos... y en las gavetas del Ayuntamiento. Cuando casi todos hemos defendido la política urbanísticas a seguir en cualquier zona de nuestro maltratado territorio, y que habla claramente del respeto al entorno con construcciones acordes, los concejales responsables tacoronteros, con el primer edil a la cabeza, han abierto las puertas de lo que un día fue hermosa campiña y han permitido una serie de adefesios que, incluso públicamente, ha criticado el alcalde... echando culpas para atrás. Es notorio que él tiene ciertos remordimientos (ciertos, nada más), al reconocer que lo de Santa Catalina ha sido un disparate, pero que ya ha dispuesto una partida presupuestaria para su rehabilitación. ¿Qué rehabilitación si lo que había que rehabilitar se lo cargaron todo hace años? Pero, he aquí que surge esa magnífica capacidad disuasoria y comunica a los vecinos que, como todavía no tiene todos los dineros, se comenzará por peatonalizar una importante calle que va desde Santa Catalina al Cristo, y, ¡oh, casualidades!, es la misma donde tiene el alcalde su colegio.

Otra manera de entender al alcalde tacorontero es conocer la versión de los vecinos del barrio de La Caridad, de la oposición y de don Hermógenes, sobre unas viviendas que se construyen cerca de la montaña de La Atalaya y que, según este último, son viviendas de protección oficial, demandadas por los ciudadanos, con grandes beneficios a sus compradores, precios más bajos que los del mercado libre, facilidades de pago y sin negocios millonarios. ¿Qué dicen los vecinos y la oposición? Al margen de las múltiples manifestaciones que se han efectuado contra el proyecto, éstos no entienden cómo una Vivienda de Protección Oficial puede costar más de 17 millones de pesetas. Preguntamos, entonces, dónde está el truco. Pues el truco está en hacer garajes que cuestan entre 5 y 7 millones, con lo cual la constructora amiga puede ingresar más de 1.500 millones de pesetas sólo por plazas de garaje. En fin, la discusión sigue: pero lo cierto es que veremos en la campiña 300 viviendas más. Eso sí, adosadas. Al más puro estilo tacorontero.

Con todo, en nuestra opinión hay algo más grave aún. El Cabildo tinerfeño, recientemente, ha restaurado la hermosa, bella y coqueta ermita de La Caridad, uno de los pocos monumentos que quedan en pie en Tacoronte (en La Alhóndiga se está trabajando, y nos felicitamos). Bien. No se les ocurre a los ediles otra decisión que la de ceder un solar, ¡junto a la ermita!... como local parroquial. Por supuesto, deseamos que los vecinos dispongan de un lugar para reuniones. Pero, por favor, no adosado a la preciosa ermita. Parece como si en el Ayuntamiento de Tacoronte no exista una sensibilidad, con faldas o pantalones, que acompañe al alcalde a contemplar los espantosos cimientos que se construyen a la sombra de la ermita. ¿No hay en toda La Caridad otro pedazo de tierra, lejos de esta joya, donde los vecinos critiquen, incluso, al alcalde? El panorama, desde luego, nada tiene que ver con la otrora ciudad-campo.