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El valor del ocio
5/dic/03 21:53 PM
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El valor del ocio

¿Qué es el ocio? Muy ajustada resulta la definición que hace Jofre Duzamedier cuando afirma que el ocio es "el conjunto de operaciones a las que el individuo puede dedicarse voluntariamente, sea para descansar o para divertirse o para desarrollar su información o su formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales".

Se distingue pues, del trabajo porque su ejercicio ha de tener lugar en el llamado tiempo libre y porque es esencial que se trate de actividades elegidas libremente.

Pero según la definición que acabamos de dar, el ocio bien entendido debe reunir otro carácter de tipo cualitativo: satisfacción y gozo en el individuo (descanso y diversión), su desarrollo e ilustración (formación e información), su capacidad creadora y participación social (reuniones, club, tertulias, etc.). Si carece de algunas de estas finalidades no se puede considerar las actividades del tiempo libre como ocio propiamente dicho.

Una de las dimensiones del ocio es el descanso, pero ¿qué es el descanso? Unas personas ejercen un tipo de descanso que equivale, cuanto menos a pérdida de tiempo, dedicándose a actividades sin sentido como el alcohol, espectáculos excitadores, drogas... creándose con ello una evasión de la realidad y entrando en un mundo fantasioso y egocéntrico.

Esos comportamientos no tienen nada que ver con el descanso porque no liberan de la fatiga física o intelectual, más bien, después de un día festivo o de vacación, aparecen las ojeras, la somnolencia y hasta el mal humor.

Es importante aprender a descansar. Muchas veces se consigue a través de un cambio de actividad que se salga de lo habitual, sin confundir el descanso con no hacer nada. Otra dimensión del ocio es la diversión ?la más frecuente?. En nuestros días la diversión se ha hecho imprescindible y resulta lógico que la persona que trabaje seriamente llegue el momento que tenga ganas de divertirse. La diversión o el esparcimiento es una compensación de los trabajos y preocupaciones de cada día, es más, no sería un programa normal de vida el que excluyera la diversión.

Y divertirse es salir, en cierta manera, de sí mismo, pero cuidando también de aprender a salir sin perderse, dominando la situación y dando a ese tiempo un valor útil.

Sería una buena meta conseguir un ocio digno que sea capaz de mejorar a la persona y a la sociedad. Decía Aristóteles: "Puesto que el ocio es preferible al trabajo y constituye su fin, hemos de investigar cómo debemos emplear nuestro ocio".

Se hace necesario que los padres y educadores se preocupen en preparar a niños y adolescentes para que sepan canalizar bien el tiempo de ocio; un tiempo que será de esta forma, muy enriquecedor.

Pepita Taboada

De los 103 convenios internacionales sobre derechos humanos, la Santa Sede ha suscrito solamente 10.

Los derechos humanos constituyen un problema no resuelto en la Iglesia católica, la cual en su sistema de gobierno a lo que más se parece es a una "monarquía absoluta" y desde ese sistema no puede aceptar el texto íntegro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La explicación de esto es siempre la misma: se anteponen dogmas, normas o ritos a la vida de las personas a los derechos de las personas.

En el fondo, el principio por el que se mataba antiguamente se mantiene en pie. Y, en virtud de ese principio, se discrimina a las mujeres, se destituye a los obispos, teólogos y clérigos en general o simplemente se afirma que "no se puede apelar a los derechos humanos".

Un crítico