Criterios

Más de un siglo haciendo el bien


5/dic/03 21:53 PM
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ENTRE LOS DÍAS 4 y 10 de este mes de diciembre se celebran, en el pueblo extremeño de Don Benito, los actos de clausura del centenario de la muerte de sor Matilde Téllez Robles, fundadora de la Congregación Hijas de María Madre de la Iglesia, cuyos miembros poseen varias casas, además de asistir a algunos centros hospitalarios, en Canarias. Fue en esa histórica localidad de la provincia de Badajoz donde sor Matilde, quien actualmente va camino de la beatificación, levantó su segunda fundación para acoger a los pobres y necesitados de la comarca. Allí estableció el Colegio del Sagrado Corazón, el primer Noviciado y, andando el tiempo, la sede central de la Congregación. La primera casa la había abierto en la salmantina ciudad de Béjar, de donde su padre era notario. Béjar se considera cuna de la Congregación. En la parroquia de Santa María de esa ciudad se reunieron ocho jóvenes, encabezadas por Matilde Téllez, para constituir el Instituto que pronto contaría con cuarenta religiosas más. Fue el 19 de marzo de 1875, Día de San José. Matilde tenía entonces 32 años. Desde que cumplió diez vivía en Béjar, a la que llegó procedente de su pueblo natal, Robledillo de la Vera (Cáceres), donde vino al mundo el 30 de mayo de 1841. Llevaba mucho tiempo madurando la idea de una fundación pese al ambiente crítico, en lo político, lo religioso y lo social, que se vivía entonces en España, y ese Día de San José puso la primera piedra a su gran obra. Las jóvenes habían constituido la Asociación Hijas de María que presidía Matilde y pertenecía a la parroquia de San Juan. En la iglesia de Santa María, las muchachas, que ya se habían despedido de sus familias, recibieron la comunión y, en cierto modo, hicieron sus primeros votos. No retornaron a sus hogares. Desde el templo se dirigieron a una pequeña casa que habían alquilado en la Calle de los Curas y allí iniciaron una vida de oración y de retiro. Pensaron dedicarse a la contemplación pero, luego, decidieron entregarse al servicio de los necesitados.

He escrito varias veces sobre la Madre Matilde y su Instituto, que llegó a Canarias en la década de los veinte del siglo pasado, a los treinta y pocos años de creado y casi 18 años después de haber muerto la fundadora. También me he referido a los centros que estas religiosas poseen en el Archipiélago, entre ellos el modélico Hospital Inmaculada y una excelente Casa de Acogida de Menores en el Puerto de la Cruz. Además asisten, como enfermeras y responsables de otros servicios al Hospital San Juan de Dios de Tenerife y han pasado por la Clínica La Colina y otros establecimientos. Así mismo he contado que en San Sebastián de la Gomera, a partir de los años veinte y pocos del pasado siglo, no sólo se integraron en el Hospital Insular, sino crearon un centro docente por el que puede decirse que pasó toda la infancia y la juventud de la Villa en aquel entonces. Dejaron en la isla una obra y un recuerdo que no han sido justamente reconocidos por aquellas autoridades. Y, precisamente, repasando un libro publicado por la Congregación con motivo de su Centenario, he sabido que una religiosa nacida en la capital de La Gomera, sor María Concepción Roldán Padilla, quien ingresó en la Congregación en octubre de 1929, cuando las Hermanitas, que así las llamaban en el pueblo, estaban ya en la isla, fue una verdadera personalidad en el Instituto, llegando a ser elegida superiora general en el capítulo de 1957 y reelegida en el de 1963, para permanecer en el cargo hasta 1969. Otra ilustre hija de La Gomera ignorada en la Isla Colombina.