Criterios

CARTAS AL DIRECTOR


Acto vandálico en el Parque Cultural Viera y Clavijo
7/ene/04 21:56 PM
Edición impresa

Con mucha rabia y dolor me entero por los diferentes medios informativos del destrozo a que fue sometido el belén que con tanta ilusión y cariño monta todos los años, para disfrute y orgullo de muchos chicharreros de bien, D. José Fariña. Visto y demostrado está que en esta vida hacer un bien es poco menos que pecado. Pero también es verdad que si las autoridades y las leyes estuvieran más actualizadas todos estos mal nacidos no estarían campando a su antojo como lo hacen ahora. Dicho de otra manera, podríamos vivir más tranquilos.

Entiendo que esto no va a quedar así, que se buscará a los culpables y se les impondrá la correspondiente sanción, pero el daño ya está hecho. Desde mi modesta opinión sólo me queda la satisfacción de apoyar anímicamente a este fantástico amigo y pedir a las autoridades competentes que cuando les echen el guante les ofrezcan turrones y peladillas en un acto de amor y buena voluntad. Los muchachos se lo merecen.

Estrella Almenara

Católicos y vida pública

Hemos de reconocer que en la vida pública española se detecta el mismo mal que sufre nuestra sociedad: la tremenda crisis de confesores de la fe. Así, cuando un católico accede a la vida pública suele salvo, quizás, algunas excepciones, experimentar tal suerte de mutación o metamorfosis en su conciencia que no lo conoce después ni su madre. Diríamos que queda obnubilado por el aura del poder. ¿Hemos visto u oído alguna vez que un alto cargo de la vida pública española haya dimitido por motivos o problemas de conciencia cristiana? Ni con el anterior Gobierno socialista (explicable) ni con el del PP (menos explicable). ¡Y cuidado que ha habido de sobra motivos para ello! No creo necesario dar aquí una lista de las leyes, disposiciones y medidas radicalmente paganas actualmente en vigor en nuestra España (y las que vendrán todavía) y que han infligido terribles heridas en la conciencia individual y social. Pero, por desgracia, hoy no puede esperarse (y ojalá me equivoque) que en la vida pública surja no ya un Tomás Moro: ni siquiera un Balduino. Y es que hoy impera, por encima de todo, el respeto a los intereses del Estado, de la economía, del electorado, de las mayorías sociales, de la comunidad científica, etc. Y, en especial, el temor a perder el cargo; lo que precisamente no impera es el temor de Dios.

¿Dimitir? Parece un verbo vedado para los cristianos, incluso los llamados "practicantes". Practicantes lo serán, pero no desde luego "confesores".

J.B.M.

Echale "guindillas" al pavo

Sí, sí, guindillas. Y es que ese cuerpo que vela por nuestra seguridad, señores míos, ese ejemplo (a no seguir, dirían algunos) que es la Policía Municipal de Santa Cruz de Tenerife tiene la suerte de contar entre sus miembros con los más valientes y audaces coloca-multas. Y es de dominio público que su intrepidez en localizar vehículos con alguna "infracción del Código de Circulación" se multiplica por infinito en estas fechas navideñas por alguna razón que la mente humana desconoce. Como ustedes ya habrán adivinado, me han multado. Sí, ahí estaba él, con su uniforme impecable, y ese estilo manejando la pluma que ya hubiera deseado para sí mismo Cervantes. Y allí estaba yo, ante mi coche, que no llevaba más de 5 minutos aparcado en doble fila, delante del de mi vecino, a las 9 de la noche... y con la cara que se nos queda a la mayoría de nosotros cuando nos multan. Y conste que, Código de Circulación en mano, me lo merecía, y vi en esta situación la oportunidad para expresar lo que muchos de los ciudadanos pensamos, pero que casi siempre, por ignorancia, temor o prudencia, nos tragamos. Si tan vacías están las arcas del Ayuntamiento en Navidad; si tanta es la renta que cada guindilla obtiene con los incentivos de las multas; si tanto se preocupan de que los vehículos no "obstaculicen" (esa fue la palabra que empleó mi verdugo) la vía... ¿puede alguien decirme dónde están los héroes municipales cuando alguien es atracado o apaleado en el parque de La Granja? ¿Acaso desarrollan un sexto sentido que les hace oler el peligro y huir con la porra entre las piernas? Y lo que es más curioso: el hecho de que el semáforo de Miraflores tarde 30 segundos en ponerse en rojo de nuevo, ¿es alguna venganza del alcalde, o del director de la Policía Local para que los pobres trabajadores que tienen una hora escasa para comer no puedan sino beberse la tortilla de papas y se consuman de estrés al volante? Santa Cruz se merece otra cosa. Y un servidor se va a pagar la sanción, que es buen ciudadano... jodido, pero honrado.

Sergio Padilla

El empedrado en el centro de Las Palmas

Ante la futura pavimentación de las calles Travieso y Villavicencio de Las Palmas de Gran Canaria, los vecinos exponen que las calles mencionadas ya se encuentran cerradas al tráfico, dado que al principio de ellas, desde General Bravo hasta Cano, hay disco de prohibido el tráfico, excepto carga y descarga y garajes. ¿Acaso el pavimento de empedrado evita el paso de los vehículos para carga y descarga, así como para la entrada y salida de los garajes?

En todas las ciudades del mundo no necesariamente hay que levantar el pavimento de hormigón para colocar adoquines, uno de cuyos inconvenientes es que los discapacitados no pueden transitar por los mismos. A tal fin, es conveniente ver lo que se ha hecho en Santa Cruz de Tenerife, en otras ciudades de España, de Europa, EEUU y Japón, lugares en los que se combina el adoquinado con un pavimento adecuado, e incluso el hormigón hidráulico con el adoquinado.

La antigüedad del hormigón hidráulico de las calles Travieso y Villavicencio, que fue solicitado por los vecinos, data del año 1946, no necesita rejillas para las lluvias, debido a la inclinación de estas calles, salvo al principio y al final de las mismas. No ocurre lo mismo con la calle Cano y restantes, que han sido empedradas y cuyas rejillas desprenden malos olores y abundantes insectos. Todas estas calles que fueron empedradas (Arenas, Constantino, Perdomo, Torres, etc.), cuando llueve, no se las puede transitar, cosa que antes no ocurría. ¿Dónde está la responsabilidad de los autores? Los vecinos y comerciantes con estas obras, cuya duración ha sido de seis meses, ven restringida su calidad de vida. ¿Cómo es posible que para estas calles tarden tanto tiempo?

Hay que recordar que el empedrado, por el contrario, es peligroso para las personas discapacitadas, como ya hemos señalado, y también lo es para los carritos con niños o con la compra y para las personas que no tienen muchas facilidades de movimiento. Las reparaciones son lentas y costosas; se necesita más gasto para el riego y disminuye la capacidad de arrastre de la sociedad.

Simón Quintana y 85 firmas más