Criterios
JOSÉ VICENTE GONZÁLEZ BETHENCOURT

Los estertores de la República y el pedo de Dalí

9/mar/14 0:38 AM
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Mientras el presidente Azaña abandonaba lo poco que quedaba de la España republicana atravesando los Pirineos camino de Francia y dejando atrás el Alto Ampurdán de Gerona, el matrimonio Dalí-Gala, poco después, se trasladaba a Nueva York. Manuel Azaña huía de la cruel dad de los militares franquistas levantados en armas contra su gobierno legítimo y constitucional, y Dalí de las asesinas tropas hitlerianas entrando en Burdeos. En ambos casos el destino era el exilio, solo que el presidente republicano, al igual que el poeta Antonio Machado, lo pagó con su salud y su vida, y el pintor gerundense regresaría ocho años después a Cataluña. En el castillo de Peralada, cerca de Figueras, se había instalado la jefatura mayor del Ejército republicano y acogido obras de arte de El Prado antes de su evacuación a Ceret y Ginebra, viviendo en él Manuel Azaña y su comitiva durante una semana antes de marchar a Francia. Unos 700.000 españoles murieron con la Guerra Civil y 480.000 eligieron el camino del exilio para salvar la vida. Impresionante tanto odio y dolor fraternal. Muy cerca de la frontera, en el pueblecito francés de Collioure, se puede contemplar la pensión donde Antonio Machado vivió los últimos días de su vida con su madre, reposando los restos de ambos en su cementerio.

No debió de irle mal al pintor de Figueras con el régimen dictatorial cuando pronuncia conferencias en Madrid y sale y entra de España a su antojo, se casa con Gala por el rito católico en 1958, en un santuario próximo a Gerona, en 1964 recibe la Gran Cruz de Isabel la Católica, en 1969 compra como regalo a su esposa y musa el castillo de Púbol, y en 1974 inaugura el teatro museo que lleva su nombre en Figueras, ciudad de su nacimiento, justo al lado de la austera iglesia donde había sido bautizado, y al lado también de donde moriría el 23 de enero de 1989 y sería enterrado con 85 años.

Genio universal irrepetible, provocador y burlón infatigable, de Salvador Dalí llama la atención que la ciudad de Barcelona no haya dado su nombre a ninguna calle o plaza, y apenas se encuentre alguna obra suya. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque el orgullo catalán ni perdona ni olvida ni puede con el hecho de que el pintor surrealista declarara heredero universal de todos sus bienes nada más y nada menos que al Estado español, todo un golpe de efecto póstumo que Cataluña sigue sin saber cómo encajar. Nadie podía imaginar que decidiera ese testamento quien de joven, con 19 años, fuera detenido por enarbolar una senyera entrando en barca en el puerto de Cadaqués.

Aunque no debiera parecer descabellado predecir algo así sabiendo del suceso que marcó el primer encuentro entre el presidente Jordi Pujol y el artista en 1981, en la suite del hotel Meurice en París. Dalí asociaba el apellido del presidente con Joseph Pujol, famoso por sus extravagancias en los conciertos del Moulin Rouge parisino, donde ponía a trabajar su intestino grueso para soltar estrepitosas ventosidades. Pues bien, justo en el momento en que Jordi Pujol contemplaba cómodamente sentado uno de los cuadros del pintor, éste se colocó a su lado y le desprendió un pedo muy sonoro.

Posiblemente, al presidente no debió de agradarle ni el olor ni el estruendo del instrumento musical humano de Dalí, tampoco al nacionalismo y la intelectualidad catalana. Aunque, a decir verdad, Cataluña tiene que estar muy agradecida al pintor freudiano. No en balde más de un millón seiscientos mil personas visitarán este año, entre los que ya me incluyo, las casas y las obras del controvertido artista en Portlligat, Púbol y Figueras, estando previsto que puedan dejar 180 millones de euros al Alto Ampurdán.

Si el amable lector que me presta atención dispone de los euros necesarios, le recomiendo que organice en cuanto pueda una visita a las casas de Dalí y Gala, garantizándole que todas, pero sobre todo el teatro museo de Figueras, están a un paso de la eternidad, así como que serán muy bien atendidos por los catalanes en el idioma castellano. Pero, eso sí, un porcentaje nada despreciable de ellos les mostrará ufanos la bandera independentista.

*Senador del PSOE por Tenerife

jvicente.gonzalez@senado.es

JOSÉ VICENTE GONZÁLEZ BETHENCOURT