Criterios
EDITORIAL

Un pueblo familiar y socialmente organizado

Los falsos nacionalistas de CC pisotean la memoria de los guanches
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9/mar/14 0:38 AM
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E stamos gobernados en Canarias por políticos a quienes mueven desde Madrid como se mueven las marionetas con las cuerdas de un guiñol. El Estatuto de Autonomía es un burdo disfraz -no nos cansaremos de repetirlo- para ocultarle a Europa y al mundo nuestra ignominiosa condición colonial. Los canarios no queremos ser una comunidad autónoma española. Queremos ser una nación con su Estado. Nación ya lo somos. Lo hemos sido siempre. Nos falta el Estado que nos usurpa España. Aspiramos a ser los dueños de nuestros recursos, que son muchos y que hoy se maman quienes nos tienen invadidos; los descendientes de las hordas españolas que les arrebataron su tierra a los guanches.

Los guanches no eran un pueblo tan primitivo como nos quieren hacer creer los españoles para justificar su criminal genocidio. Lo acaba de dejar muy claro -una vez más porque se ha dicho lo mismo en múltiples ocasiones- José Juan Jiménez, conservador del Museo Arqueológico de Tenerife. Los guanches organizaron la isla de Tenerife con un sistema territorial para aprovechar los recursos disponibles. Como recogía una noticia publicada el viernes por nuestro periódico, cada una de las demarcaciones de la Isla elegía un mencey que mediaba en los litigios surgidos en su tribu o en su menceyato.

Explica asimismo José Juan Jiménez que los menceyatos surgen por la existencia de nueve comarcas naturales en Tenerife, la más grande, poblada y rica de las siete islas. Esos menceyatos eran los de Anaga, Güímar, Abona, Adeje, Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icode y Daute. Los menceyes eran elegidos entre los cabezas de linaje familiar. En definitiva, ese pueblo vilmente masacrado por los piojosos incultos que invadieron Canarias hace casi 600 años poseía sus estructuras familiares y sociales. Una forma de vida que fue criminalizada por los conquistadores para justificar su genocidio; un auténtico holocausto cuyo motivo no fue la evangelización de unas tierras salvajes, sino la inconmensurable ambición de los castellanos y sus mercenarios por el oro y las especias. Como en estas Islas, entonces afortunadas, no encontraron ni lo uno ni lo otro, diezmaron a la población, la esclavizaron, se apoderaron de sus tierras y vendieron a los cautivos como esclavos en Europa después de exhibirlos, como si fueran aves exóticas, en las cortes del Viejo Continente.

Los descendientes de quienes asesinaron a un considerable porcentaje de aquellos hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas son los que claman hoy en día por la españolidad de Canarias, por el españolismo de este Archipiélago y por la lealtad a la Metrópoli que nos saquea y que se niega a devolvernos lo más preciado para un ser humano: la libertad. ¿Por qué tenemos que amar a España y ser leales a los españoles si nuestro origen es bereber? Somos africanos o atlánticos, porque el término "africano" parece que no les gusta a los finos canarios.

La memoria de estos antepasados nuestros, tan queridos por quienes hoy hacemos EL DÍA como lo fueron para Leoncio Rodríguez, es hoy vilmente pisoteada por Paulino Rivero y por todos los falsos nacionalistas que se han colado en Coalición Canaria. Malos canarios que tienen relegados y amordazados a los patriotas, pero esto va a cambiar; va a cambiar porque a los gobernantes españoles cada vez les resulta más difícil seguir explotando esta finca que poseen allende los mares. Piensan ellos que la poseen, porque en realidad no es suya. Nunca lo ha sido. Si llevan tanto tiempo aquí es porque han sometido a los isleños por el temor a la fuerza de las Fuerzas. Un temor absurdo -también eso lo hemos manifestado mil veces en nuestros comentarios y editoriales- porque el Ejército español, honesto y valeroso pese a los embates que ha debido soportar sobre todo a manos de los políticos socialistas, jamás disparará contra un pueblo que sale pacíficamente a la calle para reclamar su libertad.

Si malo es el colonialismo, peor es el Gobierno autonómico que colabora con los españoles. La paupérrima oratoria de Paulino Rivero es pareja a su ineficacia como gobernante. Si como líder político solo sabe calificarlo de necio, y nos quedamos cortos -siempre hablamos en su faceta como político; nunca nos referimos a él como persona-, como representante de Canarias en Madrid o en Bruselas nos abochorna porque no sabe hablar. Sin embargo, como su osadía no conoce límites, esta semana ha tenido la desfachatez de presentarse en la Feria de Turismo de Berlín, la famosa ITB, y pronunciar un discurso. Qué pensarán los alemanes de los canarios al oír hablar a este hombre. Los magos al menos son prudentes porque, como decía Nijota, piensan todo lo que dicen pero no dicen todo lo que piensan. Cuando Rivero ocupaba un escaño en el Congreso de los Diputados nos afrentaba con sus desbarres cada vez que subía a la tribuna de oradores. Con razón los peninsulares nos miran con extrañeza cada vez que abrimos la boca y descubren, indefectiblemente, que somos canarios.

¿Cuando va a tomar Coalición Canaria la decisión de prescindir de este político déspota e incapaz? ¿Cuando ya no haya remedio porque han desaparecido como partido de todas las islas al igual que les ha ocurrido ya en Las Palmas? ¿Cuándo va a perder el pueblo canario su temor a manifestarse, pacíficamente, para exigir la libertad de su tierra? Los isleños no podemos vivir siempre atemorizados y escondidos. Son muchas las organizaciones llamadas a alzar su voz. Son muchas las asociaciones de vecinos, casi todas ellas patrióticas, que tienen mucho que decir para que acabe el latrocinio colonial en Canarias porque son las que más cerca están de los hambrientos, de los que hacen cola en las listas de espera sanitarias y también de los jóvenes obligados a emigrar. No hay ni una asociación de vecinos que no tenga entre sus miembros decenas de parados; incluso a personas que, agotadas todas las ayudas al desempleo, se ven obligadas a vivir de la caridad pública aunque les dé vergüenza ponerse en las colas del hambre. En esas asociaciones de vecinos se siente a Tenerife y a Canarias. ¿Por qué no exteriorizan de una vez ese sentimiento?

No podemos seguir narcotizados. Cada vez son más los patriotas convencidos de que hay que hacer algo para quitarnos de encima el yugo español. Fruto de esas inquietudes, de esas ansias de conseguir nuestra libertad, es el nacimiento de una nueva formación política de la que esperamos grandes logros: el Partido Nacionalista Institucional Canario, que lidera el doctor cirujano cardiovascular don Manuel Díaz. Nos merece mucha más confianza esta formación que el Partido Nacionalista Canario, o PNC, que ha arruinado su rica herencia y sus expectativas de futuro al pactar con CC. El PNC está siendo cómplice con los falsos nacionalistas de Rivero y compañía al guardar silencio sobre lo que quiere Canarias: su libertad, su dignidad y su identidad como pueblo. Uniéndose a un falso y necio nacionalista como lo es Paulino Rivero el PNC ha traicionado las nobles ideas de su fundador, Secundino Delgado.

Canarias está llamada a integrarse en la Confederación Mundial de Estados Libres. Estamos llamados a ser una nación con bandera y asiento en los foros internacionales. Estamos llamados a ser canarios, que es lo que en realidad somos, y no españoles bastardos ni europeos ultraperiféricos. Estamos llamados, en definitiva, a ser libres como lo es cualquier país soberano. La infamia es seguir colonizados por una nación desprestigiada en todo el mundo por culpa de su pasado criminal.

Acabamos con una idea que ya hemos expuesto otras veces: ante la dureza con la que actúa en el Archipiélago la Hacienda española, se impone urgentemente una moratoria fiscal para no hundir definitivamente nuestra ya muy maltrecha economía.

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