Santa Cruz de Tenerife
OPTIMISTA NATO PABLO ZURITA ESPINOSA

La ficción aumentada

5/ago/17 5:41 AM
Edición impresa

Descubrir. Acostumbro a comentar con usted esas cosas que ocurren a nuestro alrededor que carecen del mínimo sentido común. Me encanta revelar "puntos ciegos" tal y como los describe el escritor libanés Amin Maalouf, esos matices de la realidad que la sociedad no es capaz de ver, injusticias y dogmas de fe que una vez superados nos avergüenzan porque destapan el abuso, la estupidez o ambas conductas tan frecuentes. La desconsideración de las leyes hacia las mujeres, por ejemplo, a las que hace apenas cuarenta años no permitían abrir una simple cuenta bancaria o el empleo masivo de la energía atómica sin sopesar sus riesgos reales, inherentes y persistentes -vaya enseñanza Chernóbil o Fukushima, qué necesidad-. Cuántos otros tan cerca de saltar por los aires como la práctica masiva de la economía sumergida o la insistencia en los nacionalismos con sus predecibles consecuencias de conflicto e insolidaridad.

Distinguir. La revolución de los dispositivos móviles, qué pasada, y sobre todo la capacidad y velocidad de las redes de datos que permiten ver vídeos que se descargan sobre la marcha o participar en complejas partidas multijugador. Fantástico, aunque no confundamos la herramienta. Las cinco pulgadas de nuestro "smartphone" están muy bien para chatear en WhatsApp y para las bobadas del Rubius, pero se quedan cortas para el último estreno de Marvel. Si no existiera el cine veríamos las películas de acción en el telefonillo, de acuerdo, pero no es el caso. Que el cine es caro, dirán en su descargo quienes sacan chepa y entrenan presbicia. Y es verdad, puede que sea caro -las cotufas especialmente-, cuestión de oferta y demanda quiero entender, y es que los cines están vacíos a pesar del espectáculo insuperable, la emoción, la música envolvente y la pantalla gigante que nos sumerge sin escapatoria en la ficción.

Sentir. No hay color, no es lo mismo reproducir la lista de Spotify que ver a U2 en el Olímpico de Barcelona. El rock no solo se oye, empapa.

Liberar. Que en la ciudad de San Francisco se ponga de moda ir al gimnasio a caminar en la cinta con vistas al océano Pacífico está muy bien, permite quemar estrés y contemplar la bruma; invento del hombre blanco al oeste de las Rocosas. Que en Santa Cruz emulemos al gringo tiene otro nombre: no habrá ramblas, avenidas, parques y playa para caminar sobre el terreno a la sombra de los laureles de Indias o bajo el sol primaveral. Que nos tragamos el humo de los coches, dirán en su defensa quienes han hecho la inversión en la maquinita. Y también llevan razón. He ahí otro punto ciego: la ciudad organizada para los coches, para que aparquen y circulen, en vez de considerar a las personas. Un asunto inaplazable para las próximas décadas: más espacio para caminar, menos humo y más vida en la calle. No tengo remedio, me sale el rejo, y eso que me propuse no hablar de política.

Disfrutar. Que en la vieja Italia añoren el Adriático de finales del verano lo podemos entender, qué maravilla. Que nos quieran vender un jacuzzi como experiencia sublime, en fin, habrá gente que no ha experimentado la espuma de nuestro mar en la batiente. La corriente nos arrastra al ámbito privado para contemplar el mundo; reivindico participar en él. Interactuar en las redes sociales es el presente, pero sin olvidar cómo entablar conversación en el bar. Somos seres relacionales que disfrutamos con la interacción en directo. Téngalo presente. En nada la tecnología permitirá producir alimentos para todos y los robots acapararán el trabajo manual: solo nos quedará el ocio. Quién lo diría.

www.pablozurita.es