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OPTIMISTA NATO PABLO ZURITA ESPINOSA

No me lo creo

14/oct/17 6:04 AM
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Liderazgo. Josep Borrell esta semana nos dio una lección de patriotismo y altísimo sentido de Estado. Nos hizo recordar cómo nos gustaba su perfil político cuando ganó las primarias del PSOE en el 98. Entonces, ni por esas, los hilos del poder de aquella época impidieron un presidente catalán que hubiera sido la bomba como hemos corroborado estos días. Después de aquello repitió el ínclito "Anzar", el de la foto de las Azores, y acto seguido Rodríguez Zapatero, un señor normal que pasaba por allí. Me fascina el liderazgo natural y los mecanismos del poder. Confieso que me gustaba ZP y su arrojo para plantear en la ONU una alianza de civilizaciones que tanta falta nos hace y con la que nadie se atreve. Por alguna razón indescifrada, el liderazgo no obedece a las sencillas reglas de la lógica. Nunca son los mejores. Requeriría un ensayo en toda regla para descifrar la clave: significarse en el momento justo, osadía, asumir el riesgo al fracaso, capacidad innata de medrar en el grupo o en la sociedad, o el efecto "to be" -ser y/o estar- del apasionante fenómeno Rajoy.

Fracaso. Estoy seguro de que Puigdemont contestará con evasivas el requerimiento del Consejo de Ministros, está en su naturaleza. Toda reacción a su declaración unilateral suspendida le viene al pelo, le permite mantener vivo el procés, que es, en definitiva, su objetivo. Sabe que la independencia en estos términos tan difusos conduce al precipicio. Pero algo falla. No me creo que el guión no incluya un último requiebro en la trama o la aparición de un nuevo personaje que provoque el desenlace. Algo hemos pasado por alto. Imposible semejante cataclismo en la sociedad española solo para esto. No me lo creo, habría que considerar estupidez suprema y menospreciar al adversario -quizás eso es lo que pretenden-. La actualidad demuestra que la independencia real de Cataluña, la organización administrativa que consigue que un estado lo sea, no se había planteado ni sobre el papel ni con las fuerzas del orden ni con las grandes corporaciones ni con la UE. Quizás el proyecto catalán de 2017 consiste en gestionar el fracaso.

Algo hay. Me niego a pensar que no subyace una sutil estrategia de largo plazo. Puede que hayan montado el lío para evitar que los Puyol sean procesados por corrupción y que les dé por tirar de la manta del 3%. Puede que sea una vuelta de tuerca más que los instigadores del nacionalismo excluyente consideran necesaria para ahondar en la fractura, para justificar el adoctrinamiento, esa forma de vida que les da trabajo y una razón de existir. No sé qué, pero algo hay.

Lo mismo. Este inmenso circo consigue empañar el resto de la actualidad, una gigantesca cortina de humo que deja en segundo plano las cuestiones básicas que afectan al bienestar de las personas. Quizás imaginamos ver fantasmas y solo juegan al despiste; enigma resuelto. Pues vaya. Y mientras se debate cómo meterle mano a los golpistas todo sigue igual, exactamente igual. Misma economía sumergida, misma presión fiscal, misma tasa de desempleo y mismos presupuestos generales del Estado para el año próximo; a quién le importa.

Dilema. Qué difícil la política. Y no me refiero a la intriga sino a la de verdad, a la de tomar decisiones e invertir pelas. Sopesar las posibilidades del presente y otear el futuro, qué nuevas ideas triunfan, cuáles fracasan y por qué. En las grandes ciudades se impone el vehículo compartido, los grandes inversores apuestan por el Hyperloop, el transporte en cápsulas en tubos de vacío... ¿Construimos más carreteras?, ¿el tren? Qué dilema.

www.pablozurita.es

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