Santa Cruz de Tenerife
JOSÉ MARÍA LIZUNDIA

Naciones cívicas y étnicas

17/oct/17 6:19 AM
Edición impresa

El pensamiento español de orientación progresista hizo cumbre con tres ambiciosas tesis sobre nacionalismo que asombrarían al mundo por su sutileza: al nacionalismo catalán se le opone el español (iguales), los separatistas son obra de los "separadores" y Rajoy, factoría de independentistas.

Jürgen Habermas analizó la Ley Fundamental de Bonn de 1949 para asentar constitucionalmente la nación alemana al margen de elementos étnicos ("völkisch"), como prevención a que el nacionalismo alemán pudiera servir nuevamente de sustento germinal del nuevo Estado. Con ello se enfrentaba a las expresiones más fecundas del espíritu y tradición alemanas: idealismo, romanticismo, autores, "Volkgeist"?

Habermas quería diluir el nacionalismo,como inspirador de la República federal, de la carta magna de Bonn. El Estado garantizaría al sujeto político "ciudadanía" un conjunto de derechos y deberes individuales regulando la convivencia, pero no a otro sujeto como "nación" o "pueblo". De esa formase expurgaba del Estado cualquier legitimidad de origen divino, histórico, étnico, sobre todo étnico.

Hannah Arendt distinguió entre revoluciones sociales y políticas. La revolución americana era paradigma de estas últimas. "El mayor experimento de libertad de la humanidad". La revolución americana había permitido acuñar el término patriotismo, que, lejos del nacionalismo étnico con su oposición y negación sustancial del otro, se basaba en los derechos y libertades dimanantes de la constitución y la lealtad a esa comunidad constituida. Habermas acuñó así el patriotismo constitucional: la patria es el marco legal de convivencia que nos hace ciudadanos libres e iguales. La única legitimidad es la misma legalidad: el consenso intersubjetivo necesario para dotarse de una ley fundamental que establezca las reglas de juego para todos.

El mundo académico y expertos son capaces de distinguir entre el nacionalismo cívico y el nacionalismo étnico, que entroncaba con la oposición clásica entre la idea de raigambre francesa de "civilisation" (universalista y emancipatoria) y la idea de "kultur" alemana (propio pueblo). Menos en España, potencia mundial de nacionalismos étnicos, en los que los desahogos son torpes y analfabetos: Franco, Rajoy.

Al aceptar la distinción académica entre nacionalismos cívicos y étnicos, comprobaremos que España es una nación cívica que no se legitima poruna etnia, raza o lengua, sino por el pacto civil de derechos y libertades de todos que la Constitución ampara (y nos protege); mientras Cataluña y Euskadi vehiculan nacionalismos etnicistas clásicos: racismo, supremacismo, exclusión, negación radical del otro, uniformización monista, doctrinarismo escolar.

Sintiendo extrañeza por la bandera española recién comprada, comprendí por fin lo que significaba la nación cívica. La ikurriña era combate, pueblo.