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OPTIMISTA NATO PABLO ZURITA ESPINOSA

Simbolismo culpable

11/nov/17 6:11 AM
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Matraca. Buscar culpables o solucionar el problema. Ya sabe a qué me refiero. En el ámbito de la empresa, de la familia o de la vida pública siempre hay quienes se empecinan en descubrir, señalar y crucificar a los culpables. Un sistema que no funciona porque no resulta evidente el origen del conflicto cuando solo se analiza sus últimos efectos, consecuencia de decisiones y conductas de tiempo atrás. Con la matraca catalana están todos muy contentos con Junqueras en el talego y Puigdemont en Bruselas, lo que demuestra que no es tan importante la responsabilidad real de los causantes como disponer de chivo expiatorio.

Método. ¿Y el problema? Para el problema usamos el "método Rajoy", mire usted, sin prisas, que a nadie le importa. Ni siquiera tenemos un procedimiento fiable para detectar problemas ni mucho menos para remediarlos. Imposible solucionar algo que no sabemos qué es. Ni las evidencias ni los hechos ofrecen claridad. En este asunto de actualidad, ¿luchamos contra el adoctrinamiento, contra la corrupción (cohecho, clientelismo y condiciones excluyentes de acceso a la función pública) o contra la ingenuidad de millones de personas? Qué dilema. Y si fuéramos capaces de encontrar la madre de todos los males que afectan a esa sociedad, ¿cuál sería el tratamiento? Otra pregunta de difícil respuesta.

Horror. Unos riegan el pueblo de panfletos pro libertad para los presos del Govern y la oposición anónima y silenciosa en un par de horas los quita de circulación sin que se sepa cómo. Porque en la Cataluña de hoy hay conflicto, dos bandos enfrentados, pelea con sordina en una vida cotidiana politizada. En las noticias escuchamos lo de la ruptura de la convivencia pero no imaginamos de qué va: un horror, un constante andar de puntillas para no ofender, mirar a ambos los lados antes de verter cualquier opinión. Los catalanes nunca fueron muy de echarse unas risas pero, vaya, lo de ahora es todo muy serio y circunspecto. Como estoy obligado al optimismo, espero que alguno de los partidos proponga cómo enfrentar este asunto en su programa electoral para diciembre: todos hablarán de los culpables, veremos si alguno ataca el problema.

La queja. Lo del alquiler vacacional no es moda pasajera. Así se llama cuando un propietario alquila su piso o su casa por semanas o por días a alguien que quiere hacer turismo, no necesariamente en zona turística. Un fenómeno ligado al uso de internet y sus múltiples ventajas: la búsqueda de opciones disponibles, el contacto directo con el arrendador y la posibilidad de validar la elección mediante las opiniones vertidas por otros usuarios. La demanda de regulación (de restricción) es la defensa del interés de los otros operadores de ese mercado ante esta nueva competencia. Inquieta a los consumidores, que ven cómo sube el precio del alquiler de viviendas, imposible conseguir nada razonable en las mejores zonas. Patalean los vecinos de portal dadas las evidentes dificultades para conciliar la vida cotidiana con los horarios y hábitos (la juerga) de quienes están de vacaciones. Y se quejan los empresarios hoteleros, que pierden clientes a manos de competidores más baratos a los que la Administración no les exige (supuestamente) toda la reglamentación sectorial.

El fraude. Todos los afectados tienen motivos de preocupación y parte de razón. Pero no para solicitar la restricción, sino para evitar el fraude y/o las molestias del alquiler vacacional, actividad que también mueve la economía. Cada novedad trae enseñanzas: al consumidor, que no era tan malo, la vivienda en propiedad, y al hotelero, para que cuestione el valor del servicio que presta. Al vecino, paciencia y llamada a la policía local.

www.pablozurita.es

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