Cultura y Espectáculos

VERSOS CADA DIA


Tragedia de Vargas
20/ene/02 19:49 PM
Edición impresa
Tragedia de Vargas
(Venezuela, año 1999)

Las uvas no alcanzarán como siempre para todos, aún hay huellas de lodos que nunca se olvidarán. Imágenes de dolor que asedian nuestra memoria: aquella sombra mortuoria que sembró el horror... Las uvas no tendrán sabor, ni habrá, allende los mares, otros más tristes cantares que tanto hablen del dolor... Navidades sin el calor que otros años disfrutaron, ya sepultadas quedaron bajo aquel ruido atronador. Sí, aún hay huellas sangrantes de tan loco albedrío, y aún se oye aquel griterío cual retumbos delirantes quebrando la paz del lugar, donde reinó la alegría, promesa del cada día... ¡Playas, cielo azul y ancho mar! Vargas quedó mutilado bajo el lodo imprevisible y sin salvación posible. ¡Fue duramente azotado! Y no habrá uvas este año, mucho tiempo pasará; ni otro igual se instaurará ya que fue terrible el daño. Los pocos supervivientes, sí adorarán al Niño, cada cual desde su exilio soterrando inconvenientes. Que los años no han bastado, más inviernos pasarán... y en Vargas nunca hallarán tanto amor arrebatado. Que los que a juro partieron estarán siempre presentes con amor en nuestras mentes, por el revés que sufrieron. Y que Dios se apiade de ellos, que les acoja en su seno celestial de ternura lleno, rodeados de ángeles risueños.


Celestino González Herreros

Sucedió en Plaza Weyler

Una solitaria rosa,

que el aire zarandeaba,

llamó toda mi atención,

por lo soberbia que estaba.

No pudo el aire insolente,

doblegar la frágil rosa.

Fue una niña impertinente,

quien con mano impetuosa,

cortó sin remordimiento,

aquella fragante rosa.

Cayó al suelo toda ajada,

y la gente sin mirar,

pisaba la hermosa rosa,

que antes fue tan primorosa,

luciendo en el rosal.

Si las flores son bonitas,

por no presumir de ná,

por qué los seres humanos,

las cortamos sin pensar.

Rosario Díez Calvo