Cultura y Espectáculos
JUAN MARRERO GONZÁLEZ

"Una mirada al corazón", de Fernández Febles


13/mar/02 19:50 PM
Edición impresa
DESDE LA SUAVE penumbra de una nostálgica y hermosa tristeza, su más fértil musa, su espléndido numen, rico espacio poético a veces roto por tímidos soles de esperanza que alumbran dolientes quejas amorosas... penumbra donde priman íntimas ausencias y gritan inmensas soledades, el exquisito poeta que es Fernández Febles nos dice en su último poemario "Una mirada al corazón" todo un río de estremecedores versos, toda una lluvia de tristes querencias, todo un llanto de nostalgias... "Hoy me ha llovido la tristeza / y me ha llorado la nostalgia (...)", "Cuando el sueño muere / sólo la noche sabe / de mi desnuda soledad", nos dice el poeta. Siempre la Tristeza, la pródiga inspiradora de los grandes y profundos pensamientos poéticos y filosóficos, la que nos lleva a buscar el consuelo en la Belleza, como hizo Leopardi; en la Verdad, como en San Juan de la Cruz; en el Supremo Bien, como en Santa Teresa de Jesús...; en las flores del mal, como hizo Baudelaire, en el seno de ella misma, la consoladora tristeza, como en Edgar Poe... Si en "Tranvía de sombras" nos traía Fernández Febles, como rico cargamento, "con verbo solemne y profundo / el llanto y la pena del mundo (...)" como le dijera un poeta amigo; y si en "Poemas bajo la lluvia" puso en nuestras manos, entre un amplio abanico de muy variados y jugosos frutos poéticos, todo un rico florilegio de versos hermosamente melancólicos a cuyo influjo nos nacieron en el alma - bello contraste - las más sublimes ansias, aquí en este nuevo fruto del estro del poeta, con un canto más lánguidamente reflexivo, más filosóficamente triste, más resignadamente fuerte... nos eleva a las más sublimes y luminosas reflexiones donde, repito, tímidos soles de esperanza parecen despuntar más clara y alegremente, pero, eso sí, para alumbrar "(...) las hojas secas / de los caminos" que el poeta recorre, no sin dejar de cantar amores divinos y humanos como hace en las partes segunda y tercera, respectivamente, de este poemario. "¡Cómo avivar la hoguera que te encienda / cómo sembrar ni nombre en tu granero!", dice a la mujer amada; y al Cristo del Raval: "Una alondra se posa en Tu Madero / a beber del Amor de tus heridas. / ¡Quién pudiera volar hacia esta Altura!".
JUAN MARRERO GONZÁLEZ