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VERSOS CADA DÍA


Sueños
30/ene/03 20:08 PM
Edición impresa

Dejad volad mi fantasía, esta noche amigable y tierna

y pondré alas a mis sueños y agua beberé en el universo.

La luna vaga por el cielo, soñando con Efebo,

ha sido arremetida por el Buey, el Tauro verdadero.

Los sonidos y notas musicales se aferran al silencio

y dulces cantores afinan sus naturales instrumentos.

¿Cuántas notas hay que sumar para un coro?

Sola una es la dominante; sólo una es la resonante.

El amor se perdió entre negros callejones

y hoy he visto a los traidores urdiendo al pensamiento.

Las nubes vuelan entre las verdes mariposas;

hay viento en las alturas; y frío en las mazmorras y en

[los huertos.

Razonaremos por los caminos, si de verdad se ama

y seremos todos consecuentes con la quietud del alma.

Abrid las ventanas del silencio, en esta noche constelada

y aprenderéis a mitigar los sueños, en la quietud de las

[pisadas.

El viejo camino será verde, si quiere que se sea;

mas nunca abrigaremos en el pecho el odio y la venganza.

Esta mañana apareció entre las blancas olas

una botella con un blanco mensaje del Dios del Universo.

Decía Paz; decía amor; decía, respeto.

Manuel Cortés

Como el lucero de la Aurora

Dedicado, con respeto y cariño,

a la señora Arsenia Martín Herrera

Lucerito que alegras mis tristes senderos

con tus dulces palabras, reviviendo al amor

tanto tiempo adormecido por el temor

de perderlo... Oculto entre yermos maderos.

Pedacito de cielo de aquel camino largo,

rayo luminiscente, cual áurea perceptible

de emotivas influencias. Fue tu voz audible,

capaz de despertarnos del trister letargo.

Sí, adivino tus íntimos pensamientos,

aunque seas lucerito del alba matinal;

e intuyo, por la voz, tu secreto sentimental

y hasta es posible leas en mis versos y el viento...

Puede ocurrir, ver cada bello despertar,

adivinar, a través de gratas emociones

todo un mundo de bellas percepciones,

cuando las palabras nos llegan a identificar.

Cómo se nos revitaliza el subconsciente

cuando evocamos vivencias de un viejo amor.

Cómo el recuerdo mitiga tanto dolor...

¡Y que, con cerrar los ojos sea suficiente!

¡Lucerito, no me prives del claror de luz

y déjame llegar hasta el final del camino,

entre ambos que no se interponga el cruel destino,

ya que no conozco otros, hasta llevar mi cruz...

antes que lleguen los encendidos ocasos

y el cielo con tintes rojos nos amenace.

Antes que caiga el velo gris que adormece

y la penumbra confunda a nuestros pasos.

Celestino González Herreros