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Paul Preston: "Los historiadores serios siempre estamos haciendo revisionismo"

El prestigioso hispanista ofrece hoy una conferencia en el Puerto sobre las "grandezas y miserias" de la II República española. Frente a los que se "autoproclaman revisionistas", el historiador inglés reivindica la hermenéutica y tilda a Pío Moa y César Vidal de "propagandistas" del franquismo que recurren al "insulto".
ÁLVARO MORALES, Pto. Cruz
12/oct/06 18:19 PM
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Desde la conquista castellana, Canarias no se puede concebir sin su relación con España. Para un hispanista experto en el siglo XX, no haber visitado las Islas se convierte, comprensiblemente, en una asignatura pendiente. Paul Preston, el prestigioso historiador inglés, dejó ayer de tener ese objetivo en la lista de visitas pendientes y ofreció una rueda de prensa previa a la conferencia que impartirá hoy en el Puerto de la Cruz, que, de por sí, casi se convierte en otra ponencia más. Durante 40 minutos, y ante la "fiebre revisionista" convertida en polémica académica y periodística, sacó el polvo de este concepto y dejó claro que, lejos de desprestigiar la profesión de historiador, los auténticos y serios investigadores del pasado "están continuamente haciendo revisionismo, ya que la manera de hacer la historia cambia según el ambiente y el momento".

Frente a este modo "serio" de entender, estudiar y difundir la historia, Preston, contundente y directo, sitúa a los que "se autoproclaman revisionistas, como Pío Moa y César Vidal, que en realidad lo que hacen es repetir los lugares comunes de la propaganda franquista, aplicando la técnica de la telebasura; o sea, el insulto personal. Así -explica-, incluyen a historiadores de ideología variada, como Javier Tusell, que era muy conservador, Santos Juliá, de centro izquierda, Julián Casanova, de izquierda, y yo en una especie de conspiración. Nos insultan llamándonos mentirosos, imbéciles y cretinos. ¿Cómo pueden hacer esto a gente que ha dedicado su vida a estudiar con rigor la historia, cuando en realidad se trata de un ex terrorista y un periodista, uno de los cuales luchó primero contra la democracia con la pistola y luego, con la pluma. Yo podría tener una polémica con Tusell, pero nunca con éstos. Es como si un cirujano discute con un periodista sobre su profesión".

A vueltas con el revisionismo, insiste en su necesaria y casi inconsciente aplicación, muy en línea con teorías hermenéuticas y postmodernas. "Los historiadores de la Revolución francesa o rusa descubren continuamente nuevas cosas. Si tuviera 40 años, seguro que volvería a dedicarme a la II República. Cada día descubro algo nuevo. Releo fuentes de hace 30 años y las veo de otra manera".

Cuestionado por la polémica actual sobre la recuperación de la memoria histórica, recuerda que en los primeros años de la Transición, "y porque era primordial llegar a la concordia tras el franquismo, hubo un pacto de olvido que fue necesario. Desde la muerte de Franco ha surgido un auténtico ejército de historiadores de todos los colores y muchos aficionados que han contribuido a la historiografía local. Pienso, por ejemplo, en libros escritos por una persona que trabaja en una gasolinera o en el estudio masivo de unas mil páginas elaborado por un funcionario de prisiones sobre la provincia de Jaén en la Guerra Civil. Y así hasta mil o más. Esta proliferación de historiadores es un fenómeno absolutamente español y surge como réplica al silencio impuesto durante los 38 años de dictadura".

"En los últimos cinco años, y a mi juicio para bien, la cosa ha cambiado. Han comenzado las excavaciones en busca de restos de represaliados o asesinados durante o después de la Guerra Civil y han surgido asociaciones de recuperación de la memoria histórica. Esto ha originado una crispación política que a mí me resulta muy extraña, pues se trata de cosas ocurridas hace 70 años. Sin embargo, hay que entenderlo como una consecuencia más del silencio en la dictadura y del olvido deliberado de la Transición. A mi juicio, estamos ante algo muy positivo para la consolidación de la democracia, aunque pueda causar ahora cierta tensión y crispación".

Preguntado por la supuesta tendencia violenta del español, lo califica de mito irreal. "Cómo mantener algo así comparándolo con el siglo XX en Alemania y Rusia, por ejemplo". Sobre las dos españas, recordó que una de sus obras se titula precisamente "Las tres españas" como búsqueda del lugar común, "pero podría haberlo titulado las 100, 1.000 ó 28 millones de españas, tantas como habitantes había hace 70 años. Lo que ocurrió para que se desencadenara la Guerra es que había dos extremos de derecha e izquierda que involucraron a la mayoría del pueblo, la verdadera víctima. Por supuesto que, durante y después del conflicto, hubo represalias y venganzas, pero eso ha ocurrido siempre, como en Los Balcanes y en muchos países africanos".

El nacionalismo catalán

Al hablar de las españas, le resulta inevitable referirse a los nacionalismos y, en concreto, al catalán. En su opinión, "todo lo que querían los catalanes podían haberlo ganado con el anterior texto. Pero, por errores de unos que querían destacar y por la malicia de otros que pretendían aprovecharlo políticamente, la cosa se crispó. Sin embargo, pasarán los años y la pregunta será por qué se armó tanto follón".

Si existiera la máquina del tiempo, y pese a que le han fascinado muchos personajes, Preston admite que la usaría para conocer a Prieto. Aunque esta noche, a partir de las 20:30 horas y en el portuense Instituto de Estudios Hispánicos, se centrará en los errores, logros y la derrota de la II República "por los golpistas y los fascistas alemanes e italianos", seguro que los asistentes podrán ahondar en estas otras reflexiones, que ayer convirtió en una conferencia más.