Cultura y Espectáculos

El laberinto creativo de Jannis Kounellis

El creador griego-italiano, abanderado del Arte Povera, asegura que "el artista necesita estar conectado a su realidad social más inmediata". Para él, "una ruptura confirma la libertad de la independencia".
J. Dávila
8/feb/14 1:38 AM
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J. Dávila

Jannis Kounellis remarca sus frases, "esculpidas" a media voz, con el aletear de unas manos que suben y bajan sin respetar una cadencia previamente estudiada. "Lo antiguo es una especie de pozo que se expande hacia la modernidad", precisa un creador clave en la segunda mitad del siglo XX y miembro fundador de lo que se conoce como Arte Povera. Los que tuvieron la oportunidad de entrar en 1989 a aquella habitación -en una sala de exposiciones de Barcelona- repleta de trozos de carne putrescente que colgaban a la altura de las narices de los visitantes aún no se han olvidado de él. Diez años antes, expuso en Roma 12 caballos vivos.

Cubriendo su desordenado pelo gris, casi blanco, con un gorro marinero azul oscuro, Kounellis remarca que "nunca hice nada de lo que no estuviera completamente convencido; el artista tiene que creer en su obra", replica un artista que tiene repartidas algunas de sus obras por museos como el MoMa neoyorquino, el Guggenheim, la Tate Modern de Londres, el Museé de la Ville de París o el Reina Sofía. "La realidad es algo emergente y tiene que aparecer en la superficie; crear es un riesgo sin fina", justifica un griego nacido en las proximidades del puerto del Pireo (1936) que en más de una ocasión ha confesado en público que "mi Ítaca es Roma".

Estandarte de lo que se conoce como "arte pobre", Jannis Kounellis cree que el pintor de caballete vivía dentro del cuadro. Quizás, por esa razón es partidario de escapar del marco para dar al público algo distinto. "Lo que importa es el espacio; conquistar zonas que permitan afrontar una dialéctica menos conservadora. Eso tiene que ver con la idea de globalización", dice antes de puntualizar que "la cultura global que nos venden es un concepto muy ligero y nos aleja de la realidad".

Abrigos, carbón, carne, hierro, sacos, telas... Cualquiera de estos materiales puede acabar en una de sus obras. "La voluntad no es romper con unas reglas, sino el sentido real a una obra de arte", añade un artista que tiene como punto de partida el Renacimiento. "Eso es lo que justifica nuestra condición de humanista; la posibilidad de ver más allá del momento que nos ha tocado vivir", argumenta un hombre que abandonó Grecia a los 18 años. Sobre las posibilidades de éxito que tendrían en 2014 los planteamientos sobre los que descansa el Arte Povera, Kounellis considera que "el inicio de un camino tiene sentido en un contexto de la historia muy específico. No sabría decir si esos puntos de partidas se podrían dar hoy, aunque es cierto que hay autores de las nuevas vanguardias que no ocultan su admiración total por este movimiento", confiesa el hombre que al mediodía de ayer mantuvo un encuentro en la sala de arte Los Lavaderos de la capital tinerfeña para participar en un intercambio de impresiones sobre diferentes procesos creativos.

"Una ruptura confirma la libertad de la independencia", afirma sin perder de vista que esos cambios son "necesarios" para comprender la evolución del arte. "La idea de la sombra, la perspectiva, todo eso no es algo óptico sino ideológico. Yo parto de ese punto para dar significado a mi propia libertad... Me gusta esa fantasmagoria que es la creación y que me empuja a hacer un nuevo trabajo.

Hijo de un marinero y de una música que no tuvo mucho éxito, Jannis suele contraponer en sus creaciones la vida con la muerte, lo natural a lo industrial o el riesgo al conservadurismo. "Hay algo que se puede ver en Los comedores de patatas (1885) de Van Gogh que tiene que ver con el artista y su realidad social. Pasó algo muy parecido en la sociedad que conoció Victor Hugo. Y es que el artista necesita estar conectado a su realidad social más inmediata", compara en un instante en el que pone como ejemplo a Picasso. "Las señoritas de Aviñón es un cuadro verdaderamente revolucionario porque en él se producen una serie de cambios a la hora de concebir su paisaje impresionista como un objeto. Ahí le dieron otra vuelta al arte, pero antes ocurrió lo mismo con Caravaggio, Rembrandt o Henry Moore. Las revoluciones en el arte son imprescindibles, pero hay que saber cuándo hay que hacerlas", concluye Jannis Kounellis.