Cultura y Espectáculos

Piel de escritor, oficio de editor

Juan Andrés Herrera, creador del sello Neys Books y autor de la novela "Cinco mujeres que no subirán al cielo", cree que "el escritor-editor no puede ser egoísta porque su obligación es buscar nuevas voces".
Jorge Dávila (@davilatoor)
5/mar/14 1:06 AM
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Juan Andrés Herrera./ María Pisaca

Jorge Dávila (@davilatoor)

Tiene una mano sobre el escritorio en el que dio forma a la trama de "Cinco mujeres que subirán al cielo" (Idea Ediciones Aguere) y la otra en los mostradores en los que se comercializan las dos primeras obras del sello literario que acaba de crear. El canario Juan Andrés Herrera Perdomo, fundador de Neys Books, tiene claro que "el escritor-editor no puede ser egoísta porque su obligación es buscar nuevas voces", avanza un autor que ya almacenó buenas críticas con el libro "La casa de las flores rotas".

Piel de escritor, oficio de editor. Sobre esta idea nace una entrevista en la que inevitablemente surge una pregunta: ¿Qué es más difícil generar una buena historia o vender un buen libro? "Las dos cosas son complicadas", asegura en una primera reflexión. "Un sello editorial está muy complicado de sacar adelante en los tiempos que corren, y los escritores siempre lo hemos tenido difícil, es decir, que mantenerse con vida en esos dos terrenos implica un doble esfuerzo. En cualquier caso, este es un oficio que acato con pasión y que no me resulta fatigoso sino alentador", declara Herrera.

El creador de "Cinco mujeres que no subirán al cielo" conoce bien los extremos habitados por un editor y un escritor y, sobre todo, comprende los pasos que hay que dar para que ambos se encuentren en un punto intermedio. "El escritor necesita la intimidad para plasmar lo que siente o la historia que quiere contar, mientras que el editor está en el lado más público de la literatura", afirma.

Buscar nuevas voces. Ese es el gran reto de Neys Books. "Yo no discrimino a ningún autor, pero está claro que, de momento, este sello literario tiene una implantación regional y, por lo tanto, me estoy centrando en los autores de las Islas, que por otro lado son muy buenos... El objetivo en un periodo de tiempo corto, no obstante, es poder llegar al mercado nacional", confiesa un empresario que dice tener una ventaja a la hora de ejercer como editor.

"Soy escritor y sé que este no se siente cómodo cuando se le presiona... Estar encima de él para que entregue una obra es algo que puede generar errores. Lo importante es que fluya la creatividad sin elementos que puedan condicionar la escritura", recomienda en el instante en el que reafirma que "Neys Books busca buenas historias".

Juan Andrés Herrera tiene dos frentes literarios abiertos. Uno, vinculado con su última novela, y el otro con la publicación de los dos primeros títulos de su editorial ("La Laguna de los olvidados" (Benjamín Barret) y Juan Jesús Pérez ("Sándalo y rapsodia"). Sin embargo, él admite que está volcado "al cien por cien en la parte editorial. Mi libro se está vendiendo y los lectores lo han aceptado, pero debo decir que todo mi tiempo se lo estoy dedicando a mis autores".

De hecho, Herrera tiene en su cabeza una nueva historia que tiene aparcada hasta que encuentre el momento oportuno de agarrarla. "La quiero escribir bien... No tengo prisa -la tiene planificada-, ya que ahora no le puedo meter mano porque me falta tiempo y, sobre todo, ánimo", puntualiza el novelista santacrucero.

Pero en un ciclo financiero en el que las malas noticias siguen sepultando las ilusiones de los más optimistas, Herrera Perdomo ha encontrado una vía de escape vinculada con la creación literaria. "La situación está bastante complicada, pero no todo lo que está pasando es malo... No sé si tiene que ver con la desesperación de la gente por buscar una salida o se trata de un repunte creativo, pero alguno se ha dado cuenta en medio de esta crisis que tenía un enorme caudal narrativo y está sacando todo ese potencial", explica.

Sobre los cambios de estrategia que se están dando alrededor del sector literario español, el dueño de Neys Books cree que todo está conectado con la aplicación de unos nuevos criterios de venta. "Antes con cuatro cosas vendías un libro, hoy eso ya no vale y tienes que ser creativo... No solo debes buscar una historia que interese al lector, sino procurar acercársela tirando de todos los medios que estén a tu alcance. En ese sentido, las redes sociales son básicas", admite.

"El editor está obligado a vender su producto", matiza en un instante de la conversación en el que aparecen los famosos vendedores de enciclopedias que en el pasado se presentaban en nuestras casas después del almuerzo. "Algo de eso sí que hay, pero los vendedores de hoy nos fiamos de internet y del boca a boca", añade.

Pero este empresario de la literatura estima que "no es bueno realizar una única apuesta en torno a las nuevas tecnologías... Hay que patearse la calle, recomendar un productor buscar estrategias alternativas, y si pueden ser más llamativas, a las gigantescas campañas que pueden diseñar las editoriales poderosas", cuenta no sin avisar de que "cuando los recursos son limitados lo tienes que concentrar todo en una buena historia. Otros tienen la capacidad de venderlo todo, pero cuando estás en el lado de los más modestos te das cuenta de que un libro no se vende solo. Necesita que su contenido atrape al lector".

De un hipotético desembarco de Neys Books en formato digital, el escritor-editor tinerfeño precisa que "no hay que despreciar el formato digital porque eso es algo con el que tendremos que convivir en el futuro", adelanta en un punto en el que realiza una defensa de los libreros. "Son los que más están sufriendo la indecisión que se ha creado en torno al formato papel y digital. Ellos viven de los libros y, sinceramente, soy un defensor de la tradición. A mi me gustan las historias que puedo tocar, las que puedo oler entre las páginas de un libro. Lo otro es una buena alternativa que es complementaria", indica Herrera respecto a una industria que, en algunos casos, ya ha comenzado a discriminar entre las historias que hay que difundir en papel y las que se deben vender en soporte digital. "Obligar al lector a que se decante por lo más moderno es un fraude; un engaño", concluye un ser que vive en la piel de un escritor y de oficio editor.