Cultura y Espectáculos

Una vida de diseño

Jaime Hernández Vera, Premio Canarias de Diseño por su trayectoria, analiza las vivencias que experimentó en un sector al que accedió cuando tenía 15 años. Catedrático y doctor por la ULL, este profesional natural de La Gomera se considera "más un currante que un teórico".
Jorge Dávila (@davilatoor)
29/nov/15 6:50 AM
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Jorge Dávila (@davilatoor)

Hay días en los que le asalta la duda de no saber si se ha hecho mayor o realmente le ha dado tiempo de hacer tantas cosas. Tiempo, desde luego, le ha entregado a un oficio que le sigue dando alegrías como la que vivió el 14 de noviembre en el Paraninfo de la ULPGC durante el acto de entrega del Premio Canarias de Diseño a la trayectoria que concede desde hace cuatro años la Asociación de Profesionales y Empresas de Diseño de Canarias. Nacido en tierras gomeras, Jaime Hernández Vera (1945) se considera "un currante, no un teórico del diseño... Soy un hombre que ha vivido demasiado tiempo en las cocinas del diseño", puntualiza este catedrático de Diseño Gráfico Editorial y Taller de Artes Gráficas e Imagen Corporativa.

Hernández Vera empezó a trabajar en Litografía A. Romero a los 15 años. "Los estudios los completé en horarios algo extraños; por la tarde o incluso por la noche", destaca el doctor en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna. "El dibujo siempre fue una inquietud infantil, pero en aquellos años no existían los niveles formativos que conocemos en la actualidad". El Premio Nacional de Educación y Descanso (1975) y Medalla del Real Club Náutico de Tenerife (1972) se formó a la sombra de grandes especialistas de la pintura local. "Juan Davó o Juan Galarza fueron dos de los muchos referentes por esa época. Los diseñadores de aquella época eran pintores reconocidos", acota un profesional que ha participado en congresos celebrados en Canarias, Cuba o México.

"Yo quería iniciarme en la proyección de diseños y le llevé una carpeta repleta de dibujos a Pedro Rivero, que era el jefe de personal de Litografía A. Romero, para que los analizara... Al final entré en nómina", rescata de una etapa en la que algunas de las impresiones se realizaban con elaboraciones talladas en piedra (cajetillas de cigarros o vitolas). "Tenía pulso y cierta habilidad con ese material". Y es que Hernández Vera no pierde la oportunidad para mencionar que ha sido "testigo de la gran transformación que ha vivido el sector del diseño en Canarias... He pasado de la edad de piedra (ríe), al papel y, mucho más, hasta el ordenador. Durante mi estancia en el sector privado trabajé en la sección de preimpresión, un área en el que se controlaba todo el proceso. Ahí encontré un equilibrio entre los conocimientos técnicos (Romero) y los artísticos (la teoría de los estudios que ya estaba realizando).

El profesor Hernández Vera es crítico con aquellas cuestiones que no aportan una solución final. "En los últimos años he escuchado un montón de reflexiones filosóficas alrededor del mundo del diseño... Para mí esto es otra cosa. Desde mi perspectiva, el diseño es algo funcional que debe cumplir con una finalidad: a partir de ahí hay que romperse los cuernos para que un diseño resuelva el problema que nos plantea un cliente".

En ese intercambio de datos que se crea entre el que encarga un proyecto y el que debe ejecutarlos, Jaime Hernández Vera abre una amplia paleta de posibilidades que van desde "generar unas soluciones creativas y técnicas que afectan a los materiales. Además de eliminar cada una de las preocupaciones que manifiestan los clientes cuando se ponen en manos de un experto, lo fundamental es que el diseño se pueda fabricar y no se convierta en una obra de arte".

El antagonismo que se abre entre lo que es una pieza funcional y un objeto de exposición es, a juicio del VI Premio Canarias de Diseño (en la edición de 2014 este reconocimiento lo recibió el palmero Manolo Blahnik) un claro elemento diferenciador en este debate: el diseño nace con la intención de hacer una obra seriada, multiplicar un elemento... Si no se da esta circunstancia, no estamos haciendo diseño. ¿Igual eso es arte?".

La reflexión anterior "muere" con una matización que marca un cambio hacia la normalidad que Hernández Vera ve con relativa nitidez: "Hace unos años el diseño se coló en los museos, hoy afortunadamente vuelve a ser un arte mucho más terrenal... Las impresoras en 3D me tienen asombrado, pero el cometido de un diseñador es plasmar su personalidad en un libro o en una publicidad. Tengo la sensación de que todo se está convirtiendo algo impersonal".

El profesor Vera considera que "los empresarios -no todos, pero sí una mayoría que hay que tener en cuenta- se han convencido de que necesitan tener una buena imagen para poder comercializar sus productos. "Si un objeto no te llega a emocionar no hay nada que hacer. Lo puedes llegar a comprar por inercia, pero lo normal es que eso pase una vez. Al consumidor no lo puedes engañar por sistema. Sobre todo, en un ciclo tan complejo".

Cuando Jaime Hernández Vera aceptó entrar en el campo de la docencia el diseño en las Islas aún estaba en una fase embrionaria. "Muchos me ven como un tipo que ha contaminado el diseño en este archipiélago (sonríe), pero yo no lo veo así... Es verdad que soy el autor de un libro ("Diseño de edición en Tenerife") que está considerado como un referente y que fue el resultado de una tesis doctoral que en su momento se vio como algo revolucionaria".

A partir de ese instinto visionario, el gomero trata de montar un discurso arriesgado en torno a la influencia que las nuevas tecnologías han tenido y van a seguir teniendo en los próximos años. "En la litografía existía una cadena de producción en torno al diseñador (o pintor) en la que participaban un tipógrafo, un fotógrafo, un corrector de textos, un maquetista... Todo eso ha quedado minimizado a la figura de una persona que controla el diseño casi en su totalidad... Los años de experiencia, tanto en el taller como en la universidad, me permiten ser crítico a la hora de decir que las nuevas tecnologías no han mejorado el diseño; yo creo que lo ha empeorado", acentúa en una fase de la conversación en la que habla sin rodeos de "las barbaridades que puede realizar una persona que tenga ciertas habilidades informáticas. Yo no estoy en contra del uso del ordenador como una herramienta de trabajo clave, pero no miento cuando digo que su dependencia es un limitador de creatividad. Hecho en falta una reflexión inicial en la que deben estar tres claves: diseñador, lápiz y papel. A los alumnos les pido que dejen un rato el ordenador y que maduren la gestación de sus ideas. Este proceso no puede empezar jamás en una máquina", apostilla.

Hernández Vera echa de menos una confrontación cuerpo a cuerpo entre el diseñador y el diseño. "El problema de tirar demasiado de un software es que al final encuentras muchas cosas malísimas, o reiterativas... La capacidad de sentarse delante de un portátil para componer una imagen es algo que tienen mucha personas, pero cuántas piensan con detenimiento lo que van a hacer, a quién van a dirigir el proyecto, qué formato es el más adecuado... Ahí no se percibe un estudio de campo para determinar la viabilidad o no de lo que vas a hacer, ¿no?", se cuestiona sin renunciar a contestar una pregunta sobre los niveles de intrusismo que se perciben en el sector.

"En el mundo del diseño ocurre algo que pasa con la fotografía o en la literatura, es decir, que no por hacer una cosa que resulte más o menos vistosa se puede decir que una persona es diseñadora. Todo el mundo está capacitado para hacer una foto o escribir unas líneas, pero eso no lo convierte en un fotógrafo o en un escritor", responde en cuanto en el horizonte ya se hace visible la relación que debe existir entre un profesor y sus alumnos. "No sabría precisar con exactitud el número de estudiantes a los que les he dado clase. Teniendo en cuenta que manejo una cifra de medio centenar al año, yo calculo de que han podido ser unos dos mil", especula.

De su capacidad para influir en esta comunidad, Hernández Vera aclara que "nunca quise que mis alumnos tuvieran mi sello; prefiero que ellos demuestren su potencial. En las academias de la antigüedad todo el mundo acababa pintando igual. Puede que esto sea una contradicción por lo que se habló con anterioridad sobre las obras seriadas, pero es que en este caso no hablamos de diseño sino de arte. Aquellos que no dejan margen a sus alumnos para que estos puedan reinterpretar sus enseñanzas están condenados al fracaso, pero eso es algo que no solo pasa en estos estudios".

Sobre la incidencia que tiene la actual crisis económica a la hora de planificar un curso -Jaime Hernández Vera dejó las aulas en el ejercicio 2014/15-, el homenajeado en la capital grancanaria si establece una relación entre la política de ajustes del alumnado y los trabajos que presentan para ser evaluados. "Todos hacen un esfuerzo para invertir mil euros en un ordenador y en la compra de un poco de papel, pero sí es verdad que en cuanto te sales de lo habitual aparecen problemáticas que no son fáciles de llevar... Yo el diseño no lo concibo únicamente como algo creativo, sino que debe estar fundamentado en un marco teórico que quiero que los alumnos me trasladen a través de memorias... En los últimos años me encontré con algunos que no tenían los recursos económicos para que me entregaran una fotocopia con sus propuestas. A cambio, lo hacían a través de pendrive o cd-rom que complican muchísimo la labor de corrección", alerta un profesor que, no obstante, reconoce que "los gastos en el campo de las bellas artes se incrementan mucho más en relación a lo que se exige a los futuros diseñadores".

Jaime Hernández Vera estaba en la terna de aspirantes a conquistar el Premio Canarias de Diseño a la trayectoria desde hace tiempo. "Uno no es consciente de todo lo que ha hecho en esta vida hasta que un día decide repasar lo que ha quedado por detrás. En ese sentido, a mí nunca me gustó quedar expues-to a la voluntad de un jurado. Quizás, ese fue el motivo por el que nunca me he presentado a ningún concurso. Prefiero vivir en el lado más oscuro y disfrutar al máximo los logros de una profesión que, insisto, siempre he vivido de una forma muy pasional".

CRONOLOGÍA

1945 Nace en La Gomera, en el municipio de Vallehermoso. A los cuatro años ya reside en Santa Cruz de Tenerife.

1960 Comienza a trabajar en Litografía A. Romero. En paralelo prosigue con su formación académica.

1972 Participa en una primera exposición colectiva (23) que se celebra en el Real Club Náutico de Tenerife. Igualmente, protagoniza siete muestras individuales.

1980 Accede a la docencia en la Facultad de Bellas Artes de la ULL. Técnicas Gráficas se convierte en la primera de las asignaturas que imparte.

1987 Culmina su tesis doctoral en la ULL. Este trabajo va a resultar clave para editar el texto "Diseño en edición de Tenerife". Esta publicación contó con la dirección del Dr. Fernando Gabriel Martín Rodríguez.

1988 Dirige una de las cuatro tesis doctorales que están bajo su supervisión siendo profesor de la Universidad de La Laguna.

1989 Reside durante dos meses en La Habana (Cuba). Allí se dedica a la formación en el Instituto Superior de Arte.