Cultura y Espectáculos

"¡Lo quiero!... ¡Lo deseo!... ¡Lo necesito!..."

Olivier Bernoux, diseñador, es uno de los hombres que más sabe cómo seducir, intrigar, y hasta hacer sentir mariposas con el lenguaje del abanico, sus creaciones son verdaderas obras de arte.
Mariam Moragas
26/nov/16 6:20 AM
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"¡Lo quiero!... ¡Lo deseo!... ¡Lo necesito!..."

Dan los primeros tonos del teléfono, responde con un sutil "¿Oui?". En un español perfecto se deja intuir que no nace aquí, pero sí que es un enamorado del país que desde hace años le acoge y siente como su hogar.

En Loewe, firma española del Grupo Vuitton, ha sido director de productos, desarrollando los accesorios soñados por cualquier amante de lo bonito y los bolsos deseados por quien sabe valorar las terminaciones y diseños perfectos. La modelo Laura Ponte conoce bien las virtudes de Bernoux, encargándole el abanico para su boda con Beltrán Gómez Acebo. En el evento que reunió a las personas más conocidas del panorama nacional con la realeza, el diseñador queda fascinado con las posibilidades que da uno de los complementos más antiguos: "En ese momento me pareció un mundo por descubrir... Este accesorio es la esencia más absoluta de la elegancia". Hoy los encontramos en el Hotel Palace de Madrid y en la zona más selecta de El Corte Inglés de la Calle Serrano de la capital, la próxima apertura será en Puerto Banús. Sobre la posibilidad de ser Tenerife un punto de venta Olivier exclama: "iLo quiero!... iLo deseo!... iLo necesito!..."

Miguel Bosé, Nieves Álvarez, Joaquín Sabina o Rossy de Palma, han sido algunos de los rostros que han paseado los diseños del artista francés, quien considera que ha tenido la suerte de entrar en el maravilloso mundo de los abanicos artesanales: "No es un logro mío, es un logro de miles de manos que hay detrás. Es un saber hacer español que tenemos que admirar, es un sector que no podemos dejar morir. Los maestros de siempre han ido recuperando la ilusión, hoy formo a muchas personas". Con la voz apasionada cuando se refiere a su profesión no tiene miedo de hablar de sus sueños: "Que una de las piezas esté en los Oscar sería el sueño hecho realidad, sería el homenaje al abanico español" confiesa tras aclarar que no es este el país de origen del accesorio.

Hasta finales del S XVIII principios del S XIX el abanico está en su momento más álgido, con solo unos suaves movimientos es capaz de transmitir para servir a la comunicación entre damas y caballeros, hoy se identifica como un objeto antiguo, llegando al punto de perderse una tradición que este artista se ha propuesto recuperar. Con una carcajada modesta Bernoux afirma: "Es el elemento que complementa la silueta", para continuar regalándonos la composición de la imagen que percibe cuando una mujer observa por primera vez una de sus piezas: "Al llegar a la tienda quien lo coge asume una parte de sensualidad. Se parece a lo que observamos cuando se calza el zapato más femenino, más sofisticado", en ese momento es cuando los amantes de lo sensual desean la pieza más allá del aire que pueda dar.

"El abanico es un arma de seducción masiva", es la frase con la que el creativo logra hacer llegar, a quien lo usa, al culmen del deseo. Los hombres tienen su propia colección, son masculinos con un carácter muy varonil partiendo de los tejidos más selectos que se cosen para las camisas más cuidadas: "¿Por qué no usar los abanicos como el punto de color que sale de los bolsillos de las chaquetas?. El hombre que navega aún en un punto de clasicismo apostando por esto se dará cuenta que queda muy bonito" asegura Bernoux.

Hay un mundo de posibilidades con los que se puede dar forma a este complemento. Entre las maderas: negras, palo santo, palo violeta... "Quiero innovar con todas las que son posibles: trabajarlo con la técnica de la laca japonesa -que ayuda a dar unos colores muy interesantes-, hacer uso de la marquetería...". En textiles: sedas, bordados, linos deshilados, ... En fornituras y terminaciones: flecos de seda, cadenas, pinchos bañados en los metales más preciados...

Observándolos de cerca, apreciando cada detalle los abanicos de Oliver Bernoux se califican como las piezas más especiales. Los artesanos más exigentes garantizan un trabajo impecable. "Cada pieza pasa por diferentes talleres todos tienen mucha calidad" afirma el diseñador, "la gente no se imagina el trabajo que hay detrás". Entre las propuestas que desde su taller nacen los de muselina de seda -transparente- necesitan un cuidado minucioso, las manos artesanas que lo forman lo harán con sumo cuidado no dejando ni tan si quiera intuir el adhesivo que lo sujeta. Sin permitirse algún margen de error es el propio diseñador quien hace el prototipo de todas sus piezas.

Cada modelo tiene su nombre, cada diseño da carácter, cada pieza tiene personalidad "cada mujer busca el abanico que va acorde con su espíritu" indica Bernoux, "con los complementos que he diseñado puedo imaginar a que tipo de mujer le va, sin embargo con los abanicos no sucede esto, nunca acierto, es el objeto que refleja su estilo más íntimo... Hay mujeres que me encargan lo que quieren y a mí me encanta".

Como si se plegara cada vara del abanico la despedida llega con un "ihasta pronto, nos vemos en Tenerife!".