Cultura y Espectáculos

El forjador de sueños que acarician el aire

El día después de la muerte de Martín Chirino, cuatro visiones del mundo de la cultura nacional e internacional analizan la dimensión de un ser irrepetible: "Se fue un artista, pero su obra vive", acentúan.
Jorge Dávila
13/mar/19 6:51 AM
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El forjador de sueños que acarician el aire

Jorge Dávila

E n ellos confluyen cuatro visiones diferentes de la cultura; cuatro posicionamientos que se ensamblan en torno a la figura de Martín Chirino (1925-2019). Un actor, un coleccionista de arte, un músico y un pintor, más los siempre precisos renglones de Juan Cruz Ruiz, constituyen un itinerario creativo que nace a orillas del Mediterráneo. Albert Boadella admite tener ciertas dificultades para calibrar la dimensión real de la obra del creador grancanario, pero cada una de sus frases se convierte en una reivindicación de la tradición. "Ya quedan pocos artistas a los que unir a la densidad y solidez que tenía Martín Chirino", avanza el actor, dramaturgo y productor barcelonés. Y es que el que fuera director de Els Juglars tiene claro que "hoy en día está muy complicado apreciar esa profundidad en las nuevas generaciones de artistas. Esta vida pasa demasiado rápido y no existe la pausa que debe tener un ser reflexivo para analizar con calma las transformaciones que se dan en la sociedad", añadiendo que "el hecho de tener un pie en este siglo y el otro en el XX enriquece esa visión", justifica.

El presidente de Tabarnia, rol de oposición que creó a la independencia de Cataluña, considera que "antes una moda podía durar más de un siglo... Ahora, en cambio, todo está supeditado a las exigencias del mercado, es decir, hoy no se planifica nada con el propósito de perdurar en el tiempo sino por una cuestión puramente económica: todo tiene una fecha de caducidad y, por lo tanto, hay que dar salida a un producto cultural que es de consumo instantáneo al que le falta reflexión. Eso es lo que más sobraba en los proyectos de Martín Chirino", exalta Boadella.

Jaime Sordo González es uno de los coleccionistas más importantes del territorio nacional. Propietario del amplio y valioso catálogo de Los Bragales, este ingeniero industrial y empresario no tiene duda de que la obra de Chirino acaba de entrar en una nueva dimensión. "Mientras el artista está vivo el precio lo marca el galerista, pero en cuanto fallece entran en juego un montón de reglas que tienen que ver con la ley de la oferta y de la demanda. Picasso supera siempre todas las expectativas, pero hay artistas que empiezan a tener cierta fama después de morir. Ese no es el caso de Martín Chirino, que hace años que es una referencia para los coleccionistas y marchantes... Yo solo tengo de él una pequeña pieza de sobremesa que transmite toda su esencia como escultor", confiesa un profesional del mundo de la compra-venta de arte que tiene más de trescientas piezas en su inventario.

Sordo González, admirador confeso de los proyectos del grancanario, asegura que "Chirino fue el escultor que logró revolucionar el formalismo en el que vino envuelto El Paso... Está a la misma altura de Chillida y Oteiza. Su estilo personal, siempre tan canario, fue una referencia internacional", exalta sin querer obviar el sobrecogimiento que siente un espectador cuando "se enfrenta cara a cara con la maravillosa espiral que tienen en el Parlamento de Canarias".

Presidente de la Asociación de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, Sordo González firma una frase que sirve para enlazar los universos de Millares y Chirino: "Fue un artista rompedor que consiguió traspasar las fronteras del Archipiélago. No solo llegó a la Península, sino que se posicionó en destacados ámbitos internacionales. Su huella será imborrable. Martín Chirino es uno de esos autores a los que no hace falta incluir su nombre en la ficha de una escultura. No lo es, porque basta mirar unos segundos la creación en cuestión para decir: ¡Esto es de Chirino!", puntualiza en la recta final de un diálogo en el que vuelve al terreno que él mejor conoce. "Se murió el artista, pero su obra está repartida por el mundo. No solo en espacios públicos, sino en colecciones privadas cuyos propietarios, seguro, querrán rentabilizar un fallecimiento tan notable".

Aunque nació hace 59 años en la ciudad de Manchester, José Manuel Ciria está considerado como el pintor español más cotizado en Nueva York. Su obra se comercializa en los cinco continentes a unos precios que solo están reservados a economías solventes. "No me cuesta mucho hablar de su obra porque conocía bien a Martín... Con él se marchó el último gran escultor español del pasado siglo. Él único problema de Chirino fue que era canario, no alemán, americano o inglés. Si en lugar de nacer en España, lo hace en cualquier en el extranjero estaríamos hablando de un creador con una dimensión mundial mayor de la que tiene", cuenta con admiración un pintor que no puede evitar rendirse a las formas aéreas del canario. "Chirino era el poeta del viento; nadie se acercó al elegante vuelo que le daba a sus esculturas. Él, a diferencia de Chillida o Oteiza, no necesitaba vaciar sus esculturas para que el aire se colara en ellas", refuerza en un punto de la conversación en el que posiciona esa característica en la condición atlántica o insular del protagonista de este reportaje.

Ciria, al igual que Martín Chirino, probó la aventura neoyorquina en un periodo de su carrera artística en la que necesitaba nuevos retos. "No es una ciudad fácil para los artistas, un lugar que no suele darte una segunda oportunidad. Él no encontró la trascendencia que merecía, pero se movió en círculos artísticos apetecibles", reivindica antes de regresar a los vuelos que imprimía el isleño a sus retorcidos bocetos. "Elegancia, buen criterio y un gusto extraordinario. Todas esas virtudes estaban perfectamente marcadas en las composiciones de Martín Chirino".

Sobre el valor que tiene su legado, José Manuel Ciria destaca el coraje de "un hombre capaz de coger el hierro y destrozarse las manos para dar forma a una espiral. Para hacer eso tienes que estar muy convencido de lo que quieres. Nada es casual en la producción de Chirino; todo tiene una razón de ser", afirma antes de entregar el testigo a un amigo personal del fallecido, Teddy Bautista.

El tono de voz del músico grancanario delata abatimiento y tristeza. Con todo el martes aún por delante, los medios de comunicación repiten una y otra vez noticias que están conectadas con el adiós del último forjador de sueños... "A sus amigos nos cuesta digerir esta pérdida; espero que su memoria no se pierda nunca", expresa el también actor. El exlíder de Los Canarios entremezcla sus sentimientos cuando se refiere al amigo y al artista: "Al talento y a su imaginación hay que sumar su exquisita humanidad. Chirino era un ser que impregnaba su personalidad a los metales que sometía a su creatividad", recuerda antes de intentar dar una explicación a un origen escultórico que está conectado con el continente negro. "El quiso establecer unos nexos culturales de ida y vuelta entre este archipiélago y África. Buscó durante toda su vida influencias entre las dos orillas, algo que conectada con las pintaderas canarias o la simbología precolonial. Quería, al igual que Millares, ir más allá de las fronteras canarias con un lenguaje adaptado a su realidad".

Teddy Bautista considera a los dos -Manolo Millares y Martín Chirino- a los creadores insulares que mejor supieron transmitir al mundo su atlanticidad: "No olvidaron sus raíces en ningún momento y envolvieron sus formas en ese sentimiento de canariedad universal".

El que fuera presidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) compara las formas volátiles de sus piezas con unas alas que le permitieron avanzar a territorios que no habían sido explorados con anterioridad. "Las alas nos permiten salir de esta tierra. También lo podemos hacer a través del mar, pero con ellas podemos avanzar mucho más rápido". Innovador y valiente fueron dos conceptos que Bautista usó para valorar cada uno de los hitos logrados por el amigo desaparecido. "Al margen de esa capacidad para mantener en suspensión sus diseños, otra de sus virtudes era conseguir iluminar esas obras de forma natural, sin poner obstáculos para que la luz acariciara los cuerpos de las esculturas".

La capacidad para llamar la atención fue, a juicio de Teddy Bautista, uno de los argumentos que más pesó a la hora de trasladar al mundo las visiones de un revolucionario que tiene un hueco en los museos más prestigiosos. "Nada de lo que hacía pasaba desapercibido porque todo estaba orientado a provocar esa admiración en el público, en los críticos, en los responsables de los espacios que aceptaron sus ideas para enriquecer sus discursos".

Las dos orillas son una constante a la hora de tender esos puentes que Bautista coloca entre su imaginación y los espectadores: "Unos son reales y se pueden ver en los giros que da en sus figuras, otros solo existen en la mente de un hombre que sabía cuál era su punto de partida, siempre Canarias, pero no el lugar al que quería llegar. Ese continuo transitar hacia delante fue lo que le permitió avanzar a territorios que aún no habían sido conquistados por un canario", incide cuando el diálogo entra en su recta final. "Hemos perdido al último referente en mayúsculas del arte canario, pero su legado será eterno. Nos toca proteger una forma de vida y un pensamiento único", trata de blindar para siempre ante la duda de lo que pueda ocurrir en poco tiempo.

"La mayoría de las veces tenemos que morir para revivir durante un tiempo a través de este tipo de senblanzas, pero me gustaría que con Martín Chirino ese recuerdo fuera eterno. Espero que los políticos sepan transmitir a las generaciones venideras que se ha ido una persona ejemplar. Nos quedamos huérfanos, doloridos por una noticia que nos cuesta aceptar pero que debe ser el primer impulso para reconocer que canarios como Martín Chirino son los que han posibilitado que esta tierra tenga una proyección exterior que difícilmente la hubiéramos alcanzado sin su curiosidad", concluye un agitador cultural que, al igual que Albert Boadella, Jaime Sordo González y José Manuel Ciria, no se resiste a reforzar una idea. Él era capaz de acariciar el aire con piezas que nadie soñó crear.

Albert Boadella

Actor, dramaturgo y productor

José Manuel Ciria

Pintor

Jaime Sordo González

Presidente de la colección Los Bragales