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"No hay buenos ni malos, sino gente sobrepasada por la realidad"

Nueve actores intervienen en 'La sombra de don Alonso', texto de Antonio Tabares dirigido por Juan José Afonso, que se representará hoy a las 21:00 horas, en el teatro Leal de La Laguna.
Raúl Gorroño, S/C de Tenerife
15/mar/19 6:34 AM
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"No hay buenos ni malos, sino gente sobrepasada por la realidad"

Raúl Gorroño, S/C de Tenerife

Un hecho real, el fusilamiento de Félix, un muchacho palmero de quince años encarcelado durante el franquismo, es el pretexto utilizado por el dramaturgo Antonio Tabares para escribir una historia coral, La sombra de don Alonso, que nueve actores representarán hoy, a partir de las 21:00 horas, en el teatro Leal de La Laguna.

Esta obra, que Tabares escribió con 25 años, tiene una duración de alrededor de ochenta minutos y está dirigida por el tinerfeño Juan José Afonso (Cuco), quien aseguró que el montaje describe lo más bajo de la condición del ser humano, la incomunicación y la intolerancia, en la que venció, por desgracia, la maldad de la sociedad.

Afonso reconoció que se sintió atraído por el texto desde el primer momento por el impacto que le produjo. "Además, creía que hacerla en La Palma podría ser estupendo porque para la gente de allí, digamos, es un tema que nunca ha terminado de cerrarse y la idea de revivir esos momentos con esta obra era muy buena".

El elenco de actores canarios encargado de dar vida a esta pieza, que obtuvo el premio Pérez Minik de la Universidad de La Laguna en 2002, está capitaneado por el veterano José Luis de Madariaga, protagonista central. Le acompañan en el escenario con una escenografía simbólica y minimalista Carlos de León, Alba Cabrera, Iriome del Toro, Pilar Acosta, Diego Santos, Antonio Aguilar, Javier de León y Carla González. Ellos encarnan a los cuarenta personajes distintos que habitan en esta propuesta.

La historia narra el intrincado periplo del político republicano Alonso Pérez Díaz en busca de Félix, un muchacho encarcelado injustamente durante los primeros días de la Guerra Civil en La Palma. Su búsqueda desesperada a través de un mundo que se desmorona entre el horror y el espanto se convierte en un descenso a lo más bajo de la condición humana, un mundo condenado a desaparecer.

"Es una historia altamente universal sobre el ser humano, sobre las dificultades de comunicación que tiene la gente. Cómo en un sitio pequeño, donde la gente vivía con cierta tranquilidad, donde los vecinos se ayudaban y convivían pacíficamente, de un día para otro todo cambia y se convierte en un infierno donde la comunicación es imposible, donde la gente siente miedo porque la presión de lo que viene encima es terrible y se convierte en un polvorín. Gente que era permeable a cualquier comentario o idea se fanatiza en cuestión de semanas y eso lo estamos viendo actualmente por muchos sitios".

La Guerra Civil y los graves abusos de los franquistas contra los republicanos es una simple excusa, según Afonso. "Realmente el meollo de la obra es ver cómo la gente llega a no entenderse, cómo se disparata y piensa cosas que ahora parecen locuras (...) Cómo se cortó cualquier tipo de ideas simplemente porque no pensaran como ellos".

El autoritarismo, el instinto asesino que se despierta en cualquier momento y de forma incontrolable son actitudes humanas que sobrevuelan en La sombra de don Alonso', en la que las personas que albergaban buenos sentimientos son incapaces en determinado momento de comunicarse y de entender la historia de un niño de quince años que se ve atrapado de manera injusta y loca, que no debería morir por una tontería, a pesar de lo cual fue fusilado cuando lo único que quería era vivir.

Al parecer, don Alonso, que vivió en Mazo en el seno de una familia pudiente, era un republicano convencido. "Era neutral, solo quería hacer las cosas con lógica, que se pudiera sobreponer a la realidad, pero en esos momentos alocados nadie puede controlar la situación. Ni siquiera la gente de derechas con buenos sentimientos que siguió el régimen de Franco y que se vio atrapada teniendo que matar a otros para subsistir".

Este drama refleja cómo la única persona coherente en la trama de la historia ve cómo se ha descompuesto la sociedad en la que ha vivido, se ha convertido en un lugar peligroso, cómo se ha venido abajo. De hecho, estuvo preso en Gran Canaria, donde murió.

Afonso, muy satisfecho con la interpretación de los personajes, muy creíbles y que llegan a conmover, consideró que La sombra de don Alfonso llega fácil al espectador.

"Es una historia muy enraizada que llega fácil al espectador canario, a pesar de ser muy universal, porque tiene todas las claves, porque sus abuelos, sus padres o alguien le ha contado una historia parecida a la que ha ocurrido aquí. Después, a la gente joven que no se le haya hablado mucho de eso, va a ver que la realidad actualmente va por ahí, o sea, que la historia se repite desgraciadamente. Es fácil identificarse, seas de un bando o de otro, porque en esta obra no hay buenos ni malos, sino gente sobrepasada por la realidad", apuntó.