Gastronomía
EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN

Un quiero y no puedo


17/may/02 23:45 PM
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DURANTE esta semana hemos recorrido algún que otro comedor, del que hemos salido, unas veces confortablemente atendidos, y en otros directamente a tomarnos una infusión de hierbas digestivas, cuando no a tomarnos una hermosa copa en la que olvidar la acidez que nos ha generado el ágape.

No estamos hablando de pantagruélicas comidas, ni de menús largos y estrechos, ni tan siquiera de una ligereza en la condimentación de los platos o las salsas.

Nos quejamos, y no paramos, de la falta de profesionalidad en la elaboración y en la presentación de los platos.

Nos declaramos amantes de guachinche y del mantel de hilo, del pollo con mojo y de las máximas complicaciones gastronómicas, la carne y el pescado, el postre y el puro. Por donde no pasamos es por el aparentar con productos mesetarios, aprovechando el nombre y escondiendo, cuando menos, mediocridad.

Esta semana nos topamos con un cochinillo al horno indigno hasta de los bares del muelle donde antiguamente eran invadidos para llenar el estómago, que para deleitarse con sabores y texturas.

Sobre un plato tipo bandeja se disponía en un fondo de lechuga seca y sin gracia un cuarto de cochinillo (este chancho ya iba solo al cien de las diez) con unas papas fritas en daditos con cebolla sin gracia alguna.

Insistamos en el cochinillo. El olor a sebo por falta de horno era insoportable, la piel estaba fría, pues debía ser recalentado, la carne se separaba del hueso dejándolo blanco y recocido como no se quemaba nada desde Torquemada, y la sal se podía masticar.

Hombre, pensarán Vds., sería en un guachinche perdido con mantel de plástico. Pues no, el lugar está de moda desde hace tiempo y nadie se merece la acidez que pasamos los comensales.

Es más fácil ganar un cliente despistado, si se le trata con dignidad y profesionalidad, que recuperar otro perdido por un quiero y no puedo. Éste lo borramos.

EL NIDO DEL BRASERO CARPANTÍN