Gastronomía

Etéreo, que así de sincera es la cocina de Pedro Nel

En este restaurante, ubicado en la calle San Antonio, en pleno corazón de El Toscal, mandan la técnica y el producto: lo que se ve es lo que se come.
S. Lojendio
1/feb/19 6:14 AM
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Aspecto de la sala, amplia y elegante, donde el negro domina./ÁNGEL HERNÁNDEZ

S. Lojendio

Habrá quienes todavía guarden en la memoria el gustoso recuerdo de lugares como El Covacho o El Covacho de Pedro, espacios que fueron, sin lugar a dudas, referentes culinarios en la capital tinerfeña.

Ahora, pasados aquellos tiempos, pero nunca el amor por la cocina ni por la gente, Pedro Nel Restrepo retorna a la Isla que lo vio crecer como restaurador y lo hace como él sabe: desde la sinceridad.

Ha abierto un local con su firma, que es su nombre, Etereo by Pedro Nel, ubicado en el número 34 de la calle de San Antonio, en pleno corazón de El Toscal (tfno.: 922 194 195).

A pie de calle nadie diría que tras aquella moderna fachada se esconde un restaurante. Ya en el interior, destaca la elegancia del negro combinado con detalles en plata, la madera y el cristal; el espacio, amplio, transmite tranquilidad y sosiego; la música acompaña. Al fondo, la cocina abierta, a la vista del comensal. En el momento de realizar este reportaje, Pedro Nel aguardaba por una cava de vinos y una cámara para la maduración de carnes.

En Etéreo mandan, sobre todo, la técnica y el producto. Lo que se ve es lo que se come. Aquí no valen trampantojos ni escaramuzas, ni está de moda el tan habitual rodeo, eso de referirse a los platos con una retahíla que confunde y poco o nada dice. El servicio, eficaz y discreto: profesional (Pedro imprime sus maneras en sala).

Ya a la mesa, descorche de un godello incluido, inexcusable el ceviche, en este caso de lubina, preciso en el punto de cítrico, la sensación crujiente de las canchas (millo) y el dulzor del camote, nuestra batata. Valga una deliciosa empanadilla de carne, punto picante de salsa sriracha y rasgos agridulces; el chicharrón barriguero o unas carnosas mollejas de ternera con refrito de ajo y perejil.

La carta se recita sola. Entrates fríos, desde ensaladas, carpaccio de solomillo o timbal de aguacate, a calientes, tosta de foie, revuelto de garbanzos o croquetas.

En la nómina de pescados saltan lubina salvaje, salmón, bacalao confitado y cherne; las carnes se abren más: magret de pato, carrillera de cerdo, secreto ibérico y presa; solomillo de res; entrecot y paletilla de cordero lechal...

Así de sincera es esta cocina.