Gente
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
Cinco cocineros competirán en Tenerife en busca de la mejor tortilla de España leer
ERASMO GARCÍA GARCÍA

Cuando se abolió la esclavitud


15/may/02 23:40 PM
Edición impresa

HE LEÍDO EL LIBRO "Esclavos de Franco", escrito por D. Rafael Torres y me he quedado espeluznado, aunque yo, activa y pasivamente, viví aquella sangrienta época, aceptando misiones y destinos que repugnaban a mi propia condición de víctima.

No hace mucho tiempo le comenté a un amigo la lectura de este libro. Por toda respuesta, me dijo: "¡Bah!". ¿Bah? Le contesté. Pues mi hermano Antonio (el mayor de mis hermanos) fue durante cuatro años "esclavo de Franco". Este hermano aún no había cumplido los 18 años, pero pertenecía a las "Juventudes Libertarias". Estuvo preso, de cárcel en cárcel (en la de La Laguna trabajaban bajo la vigilancia de los soldados, abriendo varias vías y plazas, entre ellas, la que se llamó y aún se llama (oh, sarcasmo) Plaza del 18 de Julio. Y, más tarde, de un Batallón de Trabajos Forzados a otro (desde Rota a Marruecos, entonces protectorado español) y a un tendido ferroviario en Alegría de Álava (cerca de Vitoria), aunque nunca había sido un delincuente ni un alborotador. Cuando lo libertaron, como no había realizado el Servicio Militar, lo mandaron a filas y tuvo que cumplir tres años más como soldado.

Pero todo esto está escrito ya y no voy a descubrir nada nuevo. Si Franco, antirrepublicano, al terminar la guerra, hubiera puesto la Corona de España en manos de Don Juan de Borbón (el Rey que nunca reinó) y padre de nuestro actual Rey, Don Juan Carlos I, hubiera quedado como un restaurador de la Monarquía, al menos para los monárquicos de entonces. Pero no lo hizo. Mantuvo su Dictadura durante cuarenta años, entre injustos crímenes y represiones. En cambio, pidió que Don Juan Carlos viniera a España, con la esperanza de que continuara su dictadura. Don Juan Carlos no lo hizo. Instauró la democracia, legalizó a todos los partidos políticos (incluido el partido comunista, terror de Franco) y, que se sepa, ha sido reconocido como un verdadero demócrata. Esto hizo decir al Sr. Arias Navarro, último presidente del gobierno franquista aquella frase de: "Franco lo dejó todo atado y bien atado, menos la traición".

Soy católico practicante, pero hay algo que no puedo entender: la Iglesia Católica que tuvo muchos representantes en el Gobierno de Franco no ha pedido perdón por las culpas que no ha asumido. ¿Cómo aún no se ha pedido perdón por las actuaciones del padre jesuita Pérez de Pulgar que inventó aquello de la Redención de Penas por el Trabajo?

Pienso que, así como el Papa Juan Pablo II ha pedido perdón a la intelectualidad por la presión ejercida sobre Galileo, creo que también la Iglesia española debería pedirlo por estas actuaciones, producto de la concomitancia de la Iglesia con la Dictadura. Bien es verdad que la Iglesia había sido perseguida durante la efímera época de la 2ª República. Pero Jesucristo no impuso su religión sobre las gentes. La predicó generosamente.

ERASMO GARCÍA GARCÍA