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Decide dormir en la tumba de su padre por la herencia

Una mujer de 53 años, profesora y escritora, se queja de esta singular forma porque la última voluntad de su progenitor no se administró adecuadamente entre ocho hermanos.
EFE, Almanza
23/jul/03 18:36 PM
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EFE, Almanza

Una mujer de 55 años llamada Begoña Díez cumplió ayer su tercer día de protesta en el cementerio de Almanza (León), donde permanecerá día y noche hasta que "no se haga un reparto más justo de la herencia de su padre", Julio Díez, sobre cuya tumba instala cada jornada un saco de dormir para pasar la noche.

Díez aseguró que permanecerá en el cementerio hasta que se cambie el reparto de la herencia entre los ocho hijos que tenía su difunto padre, quien antes de morir expresó su voluntad de que "se repartieran lotes iguales para cada uno de los hermanos, lo cual no ha ocurrido".

A pesar de que permanece las 24 horas en el cementerio, esta mujer, maestra, casada y con cuatro hijos, confesó que no tiene "miedo, porque éste es un contravalor" y, más aún, aseguró "dormir muy tranquila, porque aquí hay mucho silencio". Begoña Díez, la más pequeña de los ocho hermanos, afirmó que el hecho de tener "la conciencia tranquila" es lo que hace que duerma toda la noche casi de un tirón, desde las 22:00 horas, cuando ya se esconde el sol, hasta las seis y cuarto de la mañana.

Esta mujer, que nació en Almanza, aunque reside en Madrid, abandona el pequeño cementerio de esta localidad leonesa "únicamente para ir al servicio, porque aquí no hay; para comprar algo de comida y básicamente para nada más".

Su actividad diaria consiste en leer "libros de contenido filosófico"; escribir, pues ella es escritora de profesión y aprovecha para plasmar en el papel "reflexiones sobre bioética, técnicas de estudio y meditación"; y coser, según explicó.

El único fallo que considera que ha tenido antes de protagonizar esta protesta es que "no he traído linterna, ni pilas para el móvil", circunstancia que hace que tenga que pedir un pequeño favor a los agentes de la Guardia Civil, cuyo cuartel está justo enfrente del cementerio, para que le carguen el teléfono. Además, está a la espera de que le permitan darse una ducha en un hostal de esta localidad y que le den las llaves de la pequeña capilla que hay en el cementerio para guardar sus pertenencias, maleta, ropa y diversos objetos, entre ellos una lupa.

Gestos de adhesión

Las visitas que recibe son frecuentes, según explicó, tanto por parte los vecinos de su pueblo, que "se están portando muy bien conmigo", como de los más jóvenes, a los que les vence la curiosidad y por la noche "vienen al cementerio para demostrar su valentía".

Sus cuatro hijos, que son "menos reivindicativos que yo", le dicen que "reflexione" y abandone la protesta, al igual que su marido César, que no es tan reivindicativo como su mujer quisiera.

Entre sus otros siete hermanos, las opiniones son dispares, según reconoció ella misma, ya que reconoció que incluso uno de ellos "me amenazó con que vendrían a buscarme y me llevarían con unas esposas" y otra "me dijo que abandone la protesta y que ella me deja la herencia cuando se muera".

Sin embargo, la mujer no piensa abandonar la protesta porque "tengo que defender la voluntad de mi padre". Indicó que cuando se hizo el reparto "no reclamé porque estaba ciega con mis hermanos", entonces pasó el plazo legal para ello y me dicen que no se puede hacer nada, pero "yo creo que sí, entonces seguiré".