Jornada Deportiva

El ejemplo del MURCIA

Ascendido y próximo a sellar su condición de campeón de Segunda. No muy lejos quedan sus sufrimientos para salvar la categoría. Ahora es otra historia, antes se mantuvo a falta de 15 minutos.
ERICK CANINO, S/C de Tfe.
11/jun/03 11:29 AM
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ERICK CANINO, S/C de Tfe.

La reconversión del Murcia en protagonista con poder en la Segunda División casi no se la explican ni en su propia casa. Con un bloque similar, en el que sólo desaparecían nombres como el de Karanka (máximo goleador del equipo), Richi y Maciel, el cuadro rojillo tuvo que esperar a los últimos 15 minutos de competición del pasado campeonato para asegurarse la permanencia. Este curso, con 12 puntos aún por disputarse, el líder del campeonato ya ha asegurado su llegada a la Primera División.

Con un bloque casi parejo entre el año de las decepciones y esta última campaña, el cambio sólo se justifica en la adecuación de procedimientos. Cuando el Murcia llenó su pretemporada con proclamas de máxima ambición, cuando habló de ascenso sin mesura, llegó el desengaño y casi la pena certera del descenso.

En el presente, sin embargo, después de una planificación de temporada en la que no se planteó una meta distinta a la tranquilidad, los éxitos llegaron encadenados.

En medio del proceso también aparece la figura de David Vidal. El técnico gallego comenzó a trabajar en este proyecto en el mes de febrero del pasado año. Se adueñó de un banquillo en el que ya habían fracasado Pedro Braojos y Chato González, y supo sufrir con las exigencias de la categoría hasta salvar al Murcia del descenso en la última jornada de campeonato, en los 15 minutos finales de partido.

Después, todo trabajo, organización y austeridad en toda clase de concesiones. Dicen de David Vidal que es tan buen entrenador como mala persona. No es querido por la Prensa, con la que no habla más allá de lo mínimo, y sus jugadores no sienten por él la más mínima simpatía. Ni siquiera el logro del ascenso ha limpiado la aureola del gallego de una fuerte sensación de rechazo. Él, huraño, reflejó la conducta de su persona en su metodología laboral: pasó por un campeonato tan largo como este de 22 equipos con un grupo reducido de 14 jugadores. El resto, todos en un segundo plano.

En una plantilla que se construyó sin el mínimo gasto en fichajes, contrasta la generosidad de los premios en primas. Por victorias, cada miembro recibía el equivalente a 480 euros y por los empates, 300. La única condición era permanecer en el grupo de los siete primeros. En este planteamiento básico de incentivos, nunca se valoró la opción del ascenso. Ahora bien, con el logro ya fijo en su balance, la plantilla debe repartirse una bolsa de un millón y medio de euros.

Y para fichar, nada. Juan Antonio Samper organizó una plantilla a base de descartes y jugadores de Segunda División B. Eso, y los 8.000 espectadores de media le equiparan con el Tenerife.