Jornada Deportiva

El "Aire Libre" de Julio F.


25/jun/03 11:34 AM
Edición impresa

¿Quién dijo que las páginas de un periódico son volanderas? Aún conservamos todos y cada uno de los artículos que publicamos en "Aire Libre", que fue el periódico de nuestra niñez y de nuestra adolescencia. Aún recordamos cómo, en los albores de la década de los 50, los vendedores, siempre jóvenes, lo voceaban por las calles, los lunes, a primera hora, con una timbrada voz y con un énfasis muy especial, muy cercano, muy familiar. ¡¡El "Aire Libre", con la victoria del Tenerife!! Estimamos, incluso, que éramos más felices cuando, los lunes, conseguíamos aquel semanario. Y aquel gozo interno hasta nos impulsaba a subir con bríos aquellos 85 escalones del Quisisana. Eran los tiempos del "matinée infantil" en el Cinema Victoria, con FuManchú, Tom Mix, El hombre invisible y Tarzán. ¡Cómo pateábamos su suelo de madera cuando el "chico salvador" aparecía en pantalla persiguiendo a "los malos de la película", que casi siempre eran los indios del pintarrajeado "Toro Sentado". Luego, a la salida de la sala cinematográfica, nos atiborrábamos en los "carritos" de la Rambla con cucuruchos de papel que contenían chochos y chufas, sabroso binomio vegetal, que luego orlábamos, en plan postre, con algarrobas, con tamarindos y con "pirulines". Y, los lunes, lo dicho, el "Aire Libre" que era, por antonomasia, el periódico de los deportistas, de aquellos que cultivaban el músculo y de aquellos otros que, desde las gradas, contemplaban las respectivas pericias.

Un día, Mínguez, que simultaneaba el deporte entre los académicos micrófonos de Radio Juventud de Canarias y las galeradas de "Aire Libre", me llevó el periódico, que era como una hijuela de "EL DÍA", por aquel entonces ubicado en la calle Valentín Sanz, léase calle del Norte. Y entre aquel peculiar olor a plomo fundido e inmerso entre linotipias y linotipistas, me dijo: "Mira, ese es don Julio, el director". Y tras una breve pausa, añadió: "Fue portero del Tenerife". ¡Ah Así comprendí la generosa estatura de aquel erguido personaje que, años más tarde, me invitó a colaborar en aquellas columnas para mí tan queridas y entrañables. Y con una "Carta a Sombrita" ?¡cómo no!? empecé a familiarizarme con aquella pléyade de jóvenes colaboradores-periodistas, que capitaneados por un versátil Álvaro Castañeda, estaban allí, al pie de las mesas de la Redacción, siempre con un imperturbable entusiasmo: Tomasito Cruz, Antóbrega, Model, Paladín, Antonio Cruz Domínguez... Luego, del Puerto de la Cruz, comenzaron a llegar unas crónicas con un sello especial, que venían firmadas con este nombre: Juan Cruz Ruiz. Allí empezó Juanito.

Cuando algunas veces teníamos la oportunidad de ver confeccionar el "Aire Libre", nos dábamos cuenta de que se trataba de un rotativo gestado con una gran pulcritud. Era pura artesanía. Muchas veces observé a don Julio cómo poniendo, letra a letra, coadyuvaba a que aquel periódico saliera, con puntualidad de físico nuclear, todos los lunes, muy tempranito. Era difícil detectar un error en sus galeradas. Por eso nunca apareció en "La cárcel de papel", de Evaristo Acevedo, de "La Codorniz", "el periódico más audaz para el lector más inteligente", implacable "verdugo" de los "gazapos".

La "estrella", por supuesto, de aquel ameno semanario eran don Julio Fernández ?que acaba de nacer para la muerte?, cuyas crónicas sobre el Tenerife siempre eran muy esperadas. Las firmaba, así: Julio. Prefería, en su escritura, la claridad, el léxico sobrio, el rigor, la seriedad, que enriquecía con sus probados conocimientos en la materia. Su prosa resultaba despejada, sin adornos, lejos de barroquismos. Y como recientemente ha apuntado mi admirado amigo Francisco Ayala, "... siempre metió por medio el gran sentido del humor que fue consustancial en su persona".

Así, en someras pinceladas, era aquel recordado "Aire Libre", donde no sólo nos enterábamos de los triunfos y devaneos del Tenerife, sino de nuestros nadadores, de nuestros boxeadores e, incluso, conocíamos, sin ayuda de la televisión, que no la teníamos por aquel entonces, las proezas de aquella "Locomotora humana" que respondía por Zatopeck y hasta casi peladeábamos con el legendario Fausto Coppi.