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El salto del "Chelo"

Ocho hermanos, todos futbolistas, y el más pequeño se hace jugador profesional del Tenerife. Cristo Marrero representa el crecimiento desde la humildad. En Las Zocas (San Miguel) hay un referente.
LUIS BRETÓN, S/C de Tfe.
26/jun/03 11:35 AM
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Hugo Morales y Pablo Paz le apodaron "el Chelo". Los argentinos decían que Cristo Marrero se parecía a un popular delantero del Boca Juniors. Una de las diferencias entre Cristo y Marcelo "Chelo" Delgado es que el primero nació en Las Zocas, y eso queda en el hemisferio norte, aunque al sur de Tenerife. Eso sí, los dos meten goles. Al de aquí le falta un impulso para triunfar... del todo.

"Tengo un carácter fuerte y me como mucho el coco con el fútbol. Me paso todo el día pensando en la dichosa pelota". La afirmación de Cristo no sorprende. Criado como hijo menor de una familia de ocho hermanos, todos futbolistas, lo lógico es que sólo tuviera un juguete llamado balón. Su fallecido hermano mayor, Juanito, da nombre al campo de fútbol del barrio sanmiguelero de Las Zocas, donde el delantero del Tenerife (24 años) nació y creció en todas las facetas.

"En mi casa todos hemos jugado al fútbol federado. Dos de mis hermanos, Salvador y Valentín, estuvieron en el Tenerife. Yo soy el más pequeño y ya tengo ficha profesional. Me siento orgulloso de ello", afirma Cristo.

"Siempre he sido delantero, desde pequeño, pero cuando hay que defender se hace". Marrero aclara que, además de destacar por "la velocidad, el regate y el disparo a puerta", es capaz de sacrificarse en beneficio del equipo. Más le vale si quiere que Amaral le haga caso.

Aunque cueste creerlo, sólo lleva dos años en el Tenerife. En cierto modo se siente privilegiado por haber alcanzado la profesionalidad con celeridad, aunque eso se lo debe, principalmente, a su trabajo. "Siempre jugué en Las Zocas. Con el equipo de mi barrio logré el ascenso a Tercera y ahí fui el máximo goleador con 23 goles. Julio Durán se fijó en mí y me llevó al Tenerife. Por eso le estoy agradecido", comenta Marrero, quien parece más cómodo sobre el terreno de juego que ante un "interrogatorio" de este tipo.

Cristo recuerda que nada más empezar con el Tenerife fue citado por Pepe Mel para entrenar con el primer equipo, "pero me lesioné jugando con el filial y luego no me llamaron más". Tal vez ahí comenzó a pensar que podía llegar a algún sitio importante como futbolista.

El tránsito

Su camino recto hacia el fútbol profesional (ha firmado un año de contrato con un segundo opcional) rompió todos los cerrojos de su ambición: "Confío en mis posibilidades, aunque sé que existe una gran competencia y que lo más difícil no es llegar, sino mantenerse. Eso lo tengo muy claro". De sus palabras se desprende prudencia. "Ahora hay que aprovechar que el club y David Amaral apuestan por la cantera. No sé si es por necesidad, pero lo mío es trabajar para quedarme. Antes salía un canterano cada cinco meses y ahora todo ha cambiado". La generosidad de Cristo también se refleja en lo de los cinco meses. En realidad, antes eran cinco años.

Su nuevo status fue decidido por el club coincidiendo con el interés del Getafe, que quiso llevárselo. Pero el Tenerife no le dejó escapar y el propio Víctor Pérez de Ascanio le sentó en una mesa para firmar un nuevo vínculo.

Cristo comparte su condición de profesional con Roberto Carlos, a quien considera "un compañero excepcional y un futbolista muy asentado que va a llegar lejos". Con el grancanario Willy comparte otra cosa: el piso. Ambos viven juntos en un edificio pegado al Rodríguez López (no podía ser en otro sitio). Los deberes domésticos los hace una señora porque lo de ellos es darle patadas a la pelota. También admira a Alexis Suárez. "Me regaló una camiseta nada más llegar al Tenerife y eso no lo olvido", afirma con gesto de gratitud.

Sólo una pasión supera a la que tiene por el fútbol: "Andrea, mi hija, que tiene cinco años y es lo que más quiero en el mundo. Es lo más grande que me ha pasado". Ya que saca el tema, lo mejor es preguntarle qué va a hacer Andrea cuando sea mayor: "Futbolista, por supuesto", afirma entre sonriente y babeante, por aquello del cariño que embelesa a los padres.

Marrero quiere quedarse. Hacer la pretemporada y que Amaral crea en él. "El año pasado vi la foto de los canteranos en La Palma y me quedé desconsolado". Ahora tiene un lugar reservado en la instantánea, aunque pasará unos días sin ver a su novia Raquel.