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Tenerife vuelve a ser grande

La competición de la Máxima Categoría desata entusiasmo en la Isla. Catorce clubes pugnan por la liga que surgió por aclamación.
ISMAEL PÉREZ, S/C de Tfe.
18/ago/03 11:49 AM
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Es el resultado de un esfuerzo ímprobo, pero la lucha de Tenerife vuelve a ser grande. Catorce equipos de la Máxima Categoría van a pugnar por la Liga CajaCanarias, y en la lid también van a recuperan la rivalidad de antaño entre las localidades y municipios de la Isla.

La competición nace por clamor popular, porque todos los estamentos del deporte vernáculo se han convencido de la necesidad de recuperar el carácter insularista de la lucha, que hace tres años vaticinó la junta de gobierno de la Federación tinerfeña. En las elecciones del año 2000, el grupo de Marcos Pérez obtuvo el respaldo de los votantes. Y en su programa de trabajo incluyó un compromiso por Tenerife. En aquella época, la idea parecía trasnochada y retrógrada, pero el tiempo le ha dado la razón, y la realidad de la lucha acabó exigiéndole que lo pusiera en práctica.

La temporada 2002-03 fue muy dura para los equipos más fuertes de Tenerife. La elite, la Primera Categoría, se redujo a tres clubes, uno menos que en el ejercicio 2001, que también fue devastador. El mal fue la carencia de una competición estable y trasvasó el ámbito insular. La falta de continuidad en las luchadas hizo tanto daño que acabó socavando estructuras tan sólidas como las del Productos de El Hierro y dejó en bancarrota al Unión Jandía. A duras penas sobrevivieron el Unión Antigua y el Unión Sur Yaiza. A éstos se unieron con bastantes daños en sus sostenes económicos el Chimbesque, el Tegueste y el Rosario, de nuestra Isla.

La Primera Categoría estaba enferma. Únicamente gozaba de salud en Gran Canaria, porque la federación insular de la Isla Redonda hizo un planteamiento circunscrito a su territorio. Limitó el acceso de sus clubes a las competiciones regionales drásticamente. Admitió bajo su legalidad sólo la participación del campeón y subcampeón de su liga insular, y sólo después de haber celebrado ésta. Fue un mazazo tremendo para el resto.

Como consecuencia, la respuesta tinerfeña no se hizo esperar. Rápidamente se gestó un proyecto, se sometió a análisis y se buscó el consenso. Apenas hubo pegas a las proposiciones que hizo la junta de gobierno de la Insular, porque detrás del interés general y de la grandeza de Tenerife estaba en juego la continuidad de cada uno de los equipos. El modelo regional había tocado fondo.

El análisis histórico es necesario porque con él nos acercamos a la realidad cotidiana de la lucha canaria y del deporte en general. Y es que no corren buenos tiempos para ninguno de los dos. Se responsabiliza del caos a la cotización a la baja de los contratos de televisión. Razón no les falta a quienes sostienen tal argumento. Emitir encuentros de lucha no interesa demasiado a las cadenas.

Pero dentro de este estado general de pesimismo predomina la euforia. El ardor, el entusiasmo y la exaltación lo ha dado la Máxima Categoría, y Tenerife está de enhorabuena. Todos los equipos, y también los luchadores de la Comunidad Autónoma miran hacia aquí. Y este aparente bienestar se lo debemos todos a la clarividencia de la federación, los equipos, los luchadores, los árbitros...

Detrás de tanta animación habrá tristeza. Y no se trata de vaticinar desastres, sino de coherencia. El único problema de la Máxima Categoría es su heterogeneidad. Engloba a toda la lucha tinerfeña y pronto aparecerán las diferencias: un grupo de equipos pugnará por el título y al resto sólo les importará ganar los encuentros de casa, pero Tenerife vuelve a ser grande.