Jornada Deportiva

El Virus del EMPATE


20/oct/03 12:19 PM
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Por lo que se ve, se oye y se lee, las obsesiones, como la rubéola o la hepatitis, también pueden tornarse contagiosas. Según Lancisi y Sydenham, monstruos de la me-dicina hipocrática que debatieron sobre el asunto entre los siglos XVI y XVII (sin compartir laboratorio con Güigüí), el agente del contagio es un ente inmaterial, efluvios o miasmas, que "saliendo de un enfermo imprimen el carácter de la dolencia a un animal de la misma especie". En el momento de redactar esta reflexión, dudo que David Amarrar y Ewald Linier -que busca club para trabajar dos meses y cobrar doce, por si el Laguna tiene algún apuro- pertenecen a la misma especie. Lo dudo, sinceramente, porque David, que cobra tanto como un periodista e ingresa sus perras sin el amparo de un vigilante de seguridad, no es un personaje precisamente vampírico. Asunto bien distinto es que el muy alemán haya dejado algún agente en el banquillo y éste -con la ruindad que caracteriza al intermediario- haya actuado sobre la inocencia del Pollo de Arico. No será la primera vez que una abeja, insecto himenóptero, pique una parte delicada de mi anatomía, que no es organología insectívora precisamente, y -por razones obvias- me quede yo quince o veinte días sin fiesta.

Los síndromes del fútbol son curiosísimos. Ahí tienen el ejemplo de la Unión Deportiva Las Palmas, a quien se ha servido un estadio absolutamente transoceánico y transpacífico -que no es justo se abra después de la retirada de Güigüí- y todavía no ha ganado un partido. No se extrañen ustedes que Soria se agarre la humana calentura y mande a tapiarlo o a tumbarlo. Y aquí tenemos el ejemplo del Club Deportivo Tenerife, que ahora -siguiendo el modelo de las revelaciones de las encuestas de Sigma-2 o del Pulsómetro en la Comunidad de Madrid- se ha abonado obsesivamente al modelo del empate técnico; empate que, sin embargo, no se cobra a precio de 80 ó 90 diputados, como en el Estadio Social y Democrático de Derecho, sino que te dan un punto, como una pelota de gofio cuando ganabas una lucha en los años 50, y a correr. Llevamos cinco empates consecutivos y seis alternos, por lo que yo creo que los médicos hipocráticos están tardando en actuar, resolver y depurar los efectos letales de este perverso virus del empate. Ir a pedirle perritas a Adán, para empatar y con el solo fin de empatar, sería también una falta de respeto.

No creo tanto en el influjo de la técnica sociopolítica, ya digo, porque es difícil asumir que Aguirre ha contagiado su presunta inocencia a Simancas, sino en la teoría o el móvil del contagio, y, especialmente, en la ruindad congénita del agente.

También los liberales, empezando 1800, descreyeron de la existencia de la fiebre amarilla, por desconfiados, y sufrieron los efectos de la peste bubónica en Mallorca, de tal forma que ya no se volvió a disfrutar, como debe ser, y si Dios quiere, en Palma, sino que se quedó la peña totalmente flácida.