La Laguna
ERASMO GARCÍA GARCÍA

Catedrales


12/oct/02 14:15 PM
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"CATEDRALES RUINOSAS, mudas y muertas/ cuyas góticas naves hallo desiertas./ Cuyas leves agujas, al Cielo alzadas/ parecen oraciones petrificadas...". Así dijo el poeta.

Pero hoy, en pleno siglo XXI, la Catedral de La Laguna, al parecer, está deteriorada. Que yo recuerde, hace años sufrió una leve enfermedad que se solucionó con inyecciones de cemento en el interior de algunas columnas. No sé cuál es el problema actual pero en esta ocasión la avería debe ser más grave: todos los cultos se celebran, ahora, en la iglesia matriz de Nuestra Señora de la Concepción. La Catedral está cerrada y cubierta con un velo negro que me hace recordar a los que antes usaban las mujeres para asistir a los cultos. Más aún. Me recuerdan los velos que usaban las viudas y que les cubrían todo el rostro. Hace unos años, se estaba reconstruyendo (o pintando) la fachada del Palacio de la Comunidad Autónoma de Madrid, muy cerca del km. cero de la geografía española. Mientras tanto, un toldo ocultaba a los transeúntes los trabajos que se hacían en ella. Este toldo estaba pintado todo él y representaba la misma fachada, tal como iba a quedar o como había sido siempre. Era, por supuesto, una grata imagen que decoraba el entorno de la zona y proporcionaba al observador la sensación de que allí se iba a alzar aquel telón y que surgiría, de nuevo, un bello escenario.

Madrid es Madrid y "de Madrid al Cielo". Pero, en La Laguna (y no sé quién será el responsable de ello, ni tampoco a cuenta de qué entidad se va a hacer la reforma), el panorama arruina la propia imagen de la plaza de la Catedral y da un aspecto fúnebre a la plaza, entristece el entorno y quita a la gente las ganas de llevar a los niños a ver los patos del estanque y que, seguramente, ahuyenta a las palomas, por las cuales nunca he sentido afecto, puesto que es un ave que transmite enfermedades, sobre todo si gozan de la libertad de que gozan, tanto en la Plaza de la Catedral como en Venecia, ciudad que jamás he visitado ni creo que podré hacerlo nunca.

En un artículo que EL DÍA me publicó hace tiempo (7 de febrero de 2001) escribí una diatriba sobre las palomas y recomendaba la lectura de un libro de la escritora catalana Mercé Rododedra en el que, al final de su lectura, se siente asco y repulsión hacia ellas.

Y que me perdonen los colombófilos, cuyo trabajo admiro y alabo, puesto que, al fin y al cabo, en su trabajo de mensajería, siguen siendo tan efectivas como pueda serlo el teléfono, el telégrafo o las instalaciones de radio y, ahora, los satélites artificiales. También existe una "Paloma de la paz" que todos estamos deseando.

ERASMO GARCÍA GARCÍA