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Bien Cultural

El Cabildo de Tenerife ha incoado el expediente para la aprobación de la iglesia lagunera de San Lázaro como Bien de Interés Cultural por su importancia patrimonial y religiosa y su relación con la evolución histórica de La Laguna, muy ligada al papel agrícola que desempeñó toda la zona.
A.R., La Laguna
18/ago/03 14:29 PM
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A.R., La Laguna

A principios del Siglo XVI, allá por 1505, se construyó en La Laguna una pequeña ermita que hoy es conocida como la iglesia de San Lázaro, donde acuden numerosos fieles desde ese entonces y que a pesar de los años no ha pasado desapercibida por historiadores y restauradores.

Debido especialmente a esta importancia histórica y cultural, y sobre todo al papel agrícola que desempeñó en su momento la zona donde se encuentra, el Cabildo de Tenerife ha decidido tramitar el expediente para que sea declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento y mantener intactas sus características arquitectónicas.

Las razones para asegurar la protección de este primitivo templo, cuyas primeras referencias históricas se remontan a esos años iniciales del siglo XVI, se basan, además de en su papel agrícola, en su importancia cultural y religiosa, junto con el deterioro que ha sufrido por parte de los procesos urbanísticos de la zona, su proximidad a las infraestructuras viarias de importancia como la autopista TF-5, y la necesidad de preservar el inmueble y su entorno de futuras transformaciones.

La plaza anexa

Asimismo, la declaración de la iglesia de San Lázaro como Bien de Interés Cultural también recoge el estudio de sus valores patrimoniales al incluir los tramos viarios inmediatos, así como la plaza que se encuentra anexa al edificio religioso.

A pesar de su antigüedad, el expediente de declaración BIC recoge que el estado de conservación del templo es bueno, aunque ha contado con obras de restauración y acondicionamiento en las últimas dos décadas, las cuales parece que han desvirtuado parcialmente el estado original del edificio religioso.

Estos trabajos de restauración fueron promovidos en su momento por el propio párroco, el presbítero José María Argibay en 1861, mientras que las primeras referencias de su reforma se remontan a 1551, reedificándose a mediados del siglo XVII, para reconstruirla nuevamente a partir de 1861.

De arquitectura tradicional canaria, gran sencillez y alterada en algunos aspectos por estas modificaciones, en la década de los 80 se le adosó a su traza primitiva una capilla de base cuadrada y cubierta a cuatro aguas, junto con un módulo rectangular construido para comunicar la iglesia con una desaparecida escuela de niñas.

Un hecho que en la actualidad ha permitido ampliar el espacio de culto, pero para los expertos estos añadidos distorsionan la morfología original del inmueble ""menoscabando de forma parcial sus valores patrimoniales"", que ahora se intentan preservar a través de la declaración como BIC.