La Laguna
JUAN OLIVA-TRISTÁN

El general Fagó y Fray Albino


6/dic/03 14:33 PM
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CONTINÚO HOY con este encantador bohemio, desheredado de todo, paria inmisericorde, pionero del pluriempleo, analfabeto de nacimiento, majadero pál coñac, habitante de una "covacha" en la ladera del barranco de La Carnicería, sempiterno cliente de tabernas y "borracherías", que por no tener no tenía ni dónde caerse muerto (me supongo que por ello vivió tanto) y que hoy podría pertenecer a las llamadas clases menos favorecidas, genial eufemismo este para denominar al que no tiene ni un puto duro. Como diría hoy don Adán Martín, el general Fagó estuvo siempre en el extrarradio de la felicidad, aunque yo creo que más bien estaba en las antípodas.

Voy a contarles la siguiente anécdota del general. Cuando llegó a La Laguna como obispo Fray Albino se organizó en la Catedral una solemnísima función, con "Te Deum" incluido, y a su término se preparó la comitiva para salir caminando en dirección al Palacio Episcopal en la calle de San Agustín. El gentío era extraordinario y justo enfrente del palacio se había colocado el general Fagó, sobre el pretil de la acera, con un "pedo" para aplauso e incluso nota, y cuando vio al nuevo obispo a un par de metros le dijo: "Tú al-bino y yo al coñac". La gente que lo oyó, para no "descojonarse", aguantó estoicamente la risa, lo que devino en lágrimas, cosa que emocionó al recién llegado pastor, pues pensó que eran por él.

Una copla que refleja la realidad de aquella época pre y post bélica, la compuso Manuel Verdugo y dice: "Laguna ciudad bravía/ entre antiguas y modernas/ más de setenta tabernas/ una sóla librería".

Eran famosas las "pedas" que se agarraba y no menos peligroso el lugar en donde vivía, justo al otro lado del barranco de La Carnicería, y por las noches, al llegar a las inmediaciones de su "casa", lanzaba una sonora soflama pidiendo "práctico" que le ayudase a pasar el puente que le separaba de la misma. Al momento de lanzar su S.O.S., aparecía un voluntarioso "práctico", de los pocos abstemios que había por la zona, quien ayudaba al general en aquella más que arriesgada operación, pero al final y después de varias caídas, el buen samaritano depositaba con exquisito cuidado al general en su catre, arropándolo tiernamente, como si fuese un niño.

En cierta ocasión se encontró Fagó con un verdadero general, como lo fue don Anatolio Fuentes, y le dijo: "De general a general ¿me das un cigarrillo?", pero quizá la anécdota más famosa relacionada con la "milicia" fue una noche en que se encontraba Fagó en la plaza de la Catedral y de pronto llegó su íntimo amigo Daniel "El Huevudo" quien cuadrándose militarmente le saludó diciéndole: "A sus órdenes, mi general". No había casi terminado de pronunciar aquellas palabras, cuando Fagó le aflojó una cachetada que la pudieron oír en San Benito. Entonces Daniel "El Huevudo", llorando lastimeramente, le reprochó su acción, diciéndole: "Coño, general, ¿por qué me pegas?", a lo que responde Fagó: "¿Quién coño le ha dado a usted permiso para vestirse de paisano?".

Hasta la próxima y no me fallen.

JUAN OLIVA-TRISTÁN