La Laguna

El Plan Especial de La Laguna prevé que el palacio de Nava sea un hotel de cuatro estrellas

Este histórico edificio ha sido uno de los más visitados en el IV aniversario de la declaración de La Laguna como Patrimonio de la Humanidad, ya que la mayoría de los ciudadanos desconoce la belleza de su interior, con dependencias que acogieron las tertulias de Nava, a las que asistió Viera y Clavijo.
D. BARBUZANO, La Laguna
9/dic/03 14:33 PM
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El palacio de Nava, uno de los edificios históricos más emblemáticos de La Laguna, será destinado a un hotel de cuatro estrellas, según se prevé en el Plan Especial de Protección del Casco.

Desde que fue adquirido, el inmueble ha motivado que la población y políticos hayan pensado en darle varias utilidades, como biblioteca, archivo histórico o parador.

Con motivo del IV Aniversario de la Declaración de La Laguna como Patrimonio de la Humanidad, muchas personas de la Isla visitaron el palacio de Nava, quedando sorprendidos no sólo con su bello patio de esbeltas columnas, sino, además, con su señorial escalera de mármol y artístico artesonado decorado con pinturas.

Los visitantes no pudieron admirar, por encontrarse el espacio cerrado al público, las antiguas cocheras, en una de cuyas dependencias se encuentran las dos calesas, o carrozas reales como le gustan decir a los laguneros, que fueron utilizadas durante la visita de Alfonso XIII.

Estos carruajes se encuentran bastante deteriorados y muchos son los que afirman que, tras un proceso de restauración, constituirán un gran atractivo turístico para los que visiten la ciudad.

La concejal socialista María Dolores Expósito Rojas presentó en su día una moción pidiendo al pleno del ayuntamiento lagunero que pusiera en marcha las acciones oportunas para la restauración de las calesas, por entender que tienen una gran historia y porque su estado de conservación es preocupante.

El palacio de Nava ha sido declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento y sus orígenes se remontan a finales del XVI, cuando Tomás de Grimón encargó su construcción.

Según destaca el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (CICOP) en su guía de la arquitectura de La Laguna, la obra comenzó por la portada principal, que se enmarca con dobles columnas sobre plinto común, disposición frecuente en el renacimiento peninsular, y se corona con el escudo de los Grimón en el centro del dintel.

En el año 1950 se contrató al maestro de cantería Juan Benítez, autor del patio que fue reformado en el siglo XVII.

El frontispicio barroco, de finales del siglo XVII, es obra de Andrés Rodríguez Bello, quien trabajó en la fachada de la casa Salazar, cuya composición se basa en la de la casa de Nava.

La escalera de mármol

En 1776, el V Marqués de Villanueva del Prado, Tomás de Nava Grimón y Polier, promotor de las célebres tertulias ilustradas que se formaron en esta casa, mandó a realizar en el interior una escalera de mármol de tres tramos, así como la reforma neoclásica de la fachada, que añade frontones triangulares sobre las ventanas del piso superior y la balaustrada de madera. El almohadillado de las esquinas se resaltó y se cubrió de piedra el resto, que originalmente era de mampostería.

El interior de la casa se distribuye en torno a dos patios, el primero de los cuales posee columnas de piedra, y sobresale la planta con artesonado portugués policromado con rica decoración en relieve que contiene en el almizate el escudo de la unión familiar Nava-Grimón.

El jardín y casa de recreo del marqués de Villanueva del Padro sirvió de marzo para una academia musical. Sobre una base, con dos escalones en los laterales y cinco en el centro, se levantaba una edificación cuyo frontis tenía en los extremos dos cenadores cuadrados rematados con medias naranjas o bóvedas de argamasa. En el centro, en un piso más alto, se localizaba un salón con puertas de cristales y techo abovedado. Dos galerías conducían a otros dos salones. Las columnas, de madera y rejilla, eran abrazadas por líneas espirales. En mitad del jardín había un estanque de cantería labrada y vistosos ladrillos de colores, donde nadaban numerosos peces.

En este hermoso lugar, entre 1829 y 1835, se celebraban audiciones musicales y reuniones de carácter intelectual a las que asistían los principales colaboradores de Viera y Clavijo.