El corsario Amaro Pargo Dic09

Tags

Related Posts

Share This

El corsario Amaro Pargo

Amaro Rodríguez Felipe, más popularmente conocido como el corsario Amaro Pargo, nació el 3 de mayo de 1678 en La Laguna y fue bautizado, por el padre Manuel Hurtado Mendoza, en la iglesia de Los Remedios, siendo su padrino, Amaro López.

Se mantuvo soltero hasta el día de su muerte, el 4 de octubre de 1747, a la edad de 69 años. No tuvo descendencia según se constata en su testamento, aunque Antonio Rumeu de Armas da a conocer que, fruto del amor con la cubana Josefa María del Valdespino y Vitrián tuvo un hijo, Manuel de la Trinidad Amaro, quien, según dispuso el vicario de la Diócesis de La Habana, Pedro de Ponte y Carrasco en auto del 6 de marzo de 1743, fue declarado hijo natural de Amaro Pargo. Añade Rumeu de Armas que el corsario le enviaba dinero, pero que se olvidó del joven cuando pidió a su madre que lo enviara a La Laguna, petición que no fue aceptada. En su testamento, el corsario no lo tuvo en cuenta, lo que motivó que en 1760 se presentara en La Laguna, reclamando el quinto de la herencia paterna, a lo que se opusieron los herederos.

El corsario Amaro Pargo tuvo siete hermanos, de los cuales tres fueron monjas de clausura del convento lagunero de Santa Catalina. Muy pronto dejó a sus padres, Juan Rodríguez Felipe y Beatriz Tejera Machado, y dio rienda suelta a sus afanes de aventura.

En alta mar obtuvo grandes fortunas que ocultó en Punta del Hidalgo. Lo que está demostrado es que su gran riqueza la obtuvo del comercio con Europa y América, exportando -entre otros productos- vino de malvasía de sus cosechas de Geneto, Tegueste, y Valle Colino, y el aguardiente que obtenía de sus destilerías con calderas que tuvo en sus casas de la calle de El Agua y de La Miravala, de los localidades de La Laguna y El Socorro (Tegueste), respectivamente.

Amaro Pargo donó el sarcófago donde reposa el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús, que se venera en el convento de Santa Catalina de La Laguna. Una preciosa obra artesanal pintada de rojo, azul y pan de oro, ornamentada con orlas que enmarcan composiciones poéticas en las cuales aparece su nombre.

El corsario no escogió para vivir un lugar cualquiera de la ciudad, sino la calle Real -hoy San Agustín-, quizá por ser la principal de La Laguna y la más noble y distinguida. La casa le costó 50.000 reales y ocupó el solar donde hoy se alza la vivienda número 5 de la calle San Agustín. En la actualidad solo se conserva de la época una pequeña y valiosa talla de mármol de la Virgen de El Rosario del siglo XVII, de la que fue devoto y la tuvo en un nicho en la fachada de la casa, encima de la puerta. Dicha edificación contó con un hermoso oratorio.

Las propiedades de Amaro Pargo constituyeron una fortuna increíble, formada por más de 900 fanegas de tierra (5.799.600 metros cuadrados), 60 casas, 15 heredades de viñas y tributos monetarios y de trigo, todo ello junto a elevadas cantidades de dinero y las valiosas joyas de su tesoro.

En el barrio de Machado, en El Rosario, se localiza la casa que no figura en el testamento del corsario, que presenta un aspecto desolador, debido a quienes, guiados por una falsa ilusión, creyeron que podrían encontrar en ella parte de la fortuna del popular personaje.

Amaro Rodríguez Felipe hizo información de su nobleza en La Laguna ante el escribano José Isidro Uque Osorio y José Manuel de Mesones y Velasco, siendo declarado Caballero Hijodalgo en auto que, el 25 de enero de 1725, proveyó con el asesor jurista Bartolomé Yáñez Torres. Más adelante obtuvo real certificación de Nobleza y Armas, dada en Madrid, el 9 de enero de 1727, por Juan Antonio de Hoces Sarmiento, que fue cronista y rey de armas de Felipe V.

El sarcófago de Sor María de Jesús es abierto, cada 15 de febrero, con tres llaves que giran en diferentes sentidos, siendo notorio que una de las llaves se guardaba en el convento de Santo Domingo, la otra en el monasterio de Santa Catalina y la tercera fue entregada a Amaro Pargo por el reverendo padre provincial del primero de los convento citados, según el documento otorgado, el 15 de febrero de 1734, ante el escribano Soria Pimentel.

Entre las reliquias de Sor María de Jesús figura un silicio cruciforme que usaba, muy plano y forrado de tela con pinchos que clavaba en su cuerpo, y al que le falta un brazo, el cual, cuando el corsario regresaba de combatir contra los piratas, para eliminar su presencia en la ruta de las Américas, lo tiró al mar ante una terrible tormenta que ponía su barco en peligro, calmándose de forma prodigiosa las aguas.

Amaro Pargo fue un hombre de profundas ideas religiosas, lo que lo llevó a ser mayordomo de las cofradías del Santísimo Sacramento de Los Remedios y la Virgen del Rosario del convento de Santo Domingo, donde costeó diferentes obras para su culto como el camarín y el retablo de la Virgen de El Rosario, fundó la capilla y el altar de San Vicente Ferrer, construyó la capilla de San Fancisco de Paula, donde fue colocada la Virgen de La Soledad en 1740, y costeó la urna de planta del Señor Difunto de la iglesia de Santo Domingo.

El corsario no se olvidó nunca de los necesitados, para los que fundó una capellanía y destinó 3.000 reales para los pobres de la cárcel. Encargó al pintor José Rodríguez de la Oliva el grabado de Sor María de Jesús que se conserva en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife

Amaro Pargo fue dueño de varios barcos, de los que sobresalió el denominado “El Clavel”, que fue fabricado en La Caleta de Icod y estaba preparado para la defensa y ataque con 24 piezas de artillería.

La preocupación del corsario por la situación económica de los pobres en el siglo XVIII motivó que participara de una de las sesiones el Cabildo, solicitando un nuevo tipo de moneda que mejorara el problema que presentaba la sociedad lagunera en aquella época y facilitar el dar limosnas.

El tesoro de Amaro Pargo no estuvo ni en Punta del Hidalgo ni en Machado, pero están catalogadas la numerosas joyas del mismo en un libro y las lucieron generaciones de señoras hasta la actualidad sin saber su procedencia.

Del corsario Amaro Pargo, que fue sargento y más tarde capitán de navío, se han ocupado famosos escritores como es el caso de Benito Pérez Armas, Luis Álvarez Cruz, María Rosa Alonso, Juan del Castillo, José Rodríguez Moure o Carlos García, quien considera “la historia de ese corsario interesante y romántica, puesto que al tratarse de un personaje legendario, envuelto en aventuras diversas, lo hace atractivo y seductor”.

Domingo Barbuzano