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Los marineros recogen el fuel con las manos para evitar su avance

Toneladas de combustible vertidos por el "Prestige" amenazan la reserva marisquera más rica de Europa, en la ría de Arosa. Las previsiones facilitadas por el organismo luso de observación marítima son desoladoras: prevé que el combustible invadirá las playas de Bayona. No hay punto del litoral galaico a salvo de la masa contaminante.

COLPISA, La Coruña
4/dic/02 20:26 PM
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COLPISA, La Coruña

Los habitantes de la comarca de Arousa se abalanzaron con las primeras luces del alba a cuanta embarcación encontraron en los puertos (más de 150 planeadoras, casi cincuenta mejilloneros) para salir a la bocana de la ría a contener el avance de la marea negra provocada por el "Prestige".

Frente a las optimistas previsiones del Gobierno, y alertados por los datos facilitados por el Instituto Hidrográfico de Portugal, los arosanos recogieron el fuel incluso con las manos, a falta de otros medios, para evitar la entrada en el área marisquera y acuícola más rica de Europa. La niebla les obligó a volver a puerto en torno a las 15.00, lo que provocó un clima de indignación y desesperación a partes iguales.

Las previsiones facilitadas por el organismo luso de observación marítima eran desoladores: el combustible invadiría las playas de Bayona durante la madrugada de hoy. El vertido también afectará a la ría de Pontevedra, en concreto a Bueu, y a la bocana de la de Vigo, donde están las islas Cíes. Si a ello se añade que la alerta ha saltado en Asturias, Cantabria e incluso el País Vasco por la presencia de pequeñas bolsas todavía no muy preocupantes, la lectura que hacen los pescadores gallegos es demoledora: no hay punto del litoral galaico a salvo de la masa contaminante.

Intentos desesperados

Las primeras "galletas" de combustible llegaron frente a la isla de Sálvora, en la bocana de la ría de Arosa, a primera hora de la mañana. Eran placas de gran densidad, que los mariscadores de la zona intentaron recoger con unas gigantescas espumaderas por ellos mismos fabricadas, al carecer de material alguno facilitado por las diferentes instituciones públicas.

En algunos casos, "bateiros" - trabajadores o propietarios de las bateas donde se cultiva el mejillón - llegaron a utilizar sus propias manos en un desesperado intento de frenar el avance de la marea tóxica.

Coordinados por el capitán marítimo de Villagarcía de Arousa y los presidentes de las asociaciones de mejilloneros de la ría de Arousa, los marineros recurrieron a un método artesanal: desde las lanchas planeadoras, recogieron como pudieron el combustible que flotaba sobre el mar y lo vertieron en unos capachos que, una vez llenos, traspasaron a los barcos mejilloneros que, en labores de buques nodriza, lo almacenaron en unos contenedores que prepararon a bordo y que, al término de la jornada, vaciaron en los puertos de partida.