Tenerife Norte
E. DOMÍNGUEZ

Brevísimo comentario


26/mar/02 18:23 PM
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EL HOMBRE NUNCA ha podido ser conformista ni con lo que tiene, ni con su propia capacidad humana, y en muchas ocasiones se ha querido apoderar de todo aquello que para él tenga cierto y determinado valor. Y lo hace consciente de sus propios criterios y vejaciones personales, pues últimamente ha imperado "el yo sé más que tú", y con ese afán poderlo equiparar todo, sin tener en cuenta los perjuicios que estas vagas decisiones puedan llevar consigo.

Supervalorarse no es el procedimiento más correcto; es una falta de respeto, y a la ética personal cuando se valora asimismo cometiendo una brutal irregularidad personal que llega a romper "los moldes" dentro de la sensibilidad que debe de tener el ser humano y sencillo por encima de cualquier circunstancia.

Algunos "personajillos" de relevante capa social se han creído que el "poder y el saber" es herramienta de su propio taller. Meten la nariz y ponen el oído en asuntos que no son de su propia incumbencia, y hasta se muestran rebeldes cuando se les requiere un mínimo de respeto.

Hoy en la actualidad, vivimos unos tiempos en que el vecino se preocupa más de lo que sucede en la casa de el de enfrente, que lo que acontece en el seno de su propia familia. Ello equivale a que algunos intentan pisar terreno ajeno, y si posible fuera, apoderarse de él, para lo cual no les hace falta mucho insistir, mientras sobran perversos y gente repelente. Aquí, hay de todo; incluso personajes para dirigir una orquesta de finos "delfines". Mientras tanto, el hombre honesto va perdiendo las riendas y hasta las buenas voluntades porque admite y calla por desconocer la realidad. Pero en la boca del túnel vemos cómo grupitos de incondicionales se convierten en opresores, en destructores de capotilla, con impulsos provocadores que presionan apasionados por posicionarse ante una sociedad que nunca ha creído en ellos y que buscan un trono a toda costa y que sólo les falta crear leyes, que bajo la infamia y la mentira orquestada, aumentan el pánico intencionado con el fin de dañar bajo el anonimato, con el fin de no ser descubiertos y que nadie lo note. Gente irreverente que mancha la identidad de cualquier territorio, pueblo o ciudad y de nuestras gentes, sólo por pura codicia pueblerina, queriendo destacar en un cementerio de agónicos desesperados creado a su manera por ellos mismos, bajo la tutela de un "director" que sueña con pajaritos preñados. Capaz de todo. Intolerante, confuso y atrevido a la maraña.

Si bien en tiempos atrás le negaron el pan y la sal por el pueblo que les vio nacer por encontrarse protegidos de idílicas pirámides o personajes de "alta capotilla", ahora van perdiendo aún más la dignidad humana y el respeto que todos nos merecemos, sirviendo de cómplices de graves ofensas, para luego esconder como el avestruz el pico bajo el ala, incluso para blasfemar, increpar o calumniar.

Pero la vida nos desvela cada minuto del día una sociedad empeñada en el "confundimos", en hombres falsos por la codicia, el engaño o la falsedad, y que sin hacer uso de las armas, matan los sentimientos de los demás y causan un gran daño. Pero muchas veces, con intención de herir y hacer sangrar el corazón y la sensibilidad junto con el respeto que todos nos merecemos.

Ante todo esto, ¿habrá algún día un juicio justo para tanto malhechor?

En estos días en que vivimos unas fechas de reflexiones y arrepentimientos, espero que los cobardes acudan ante el Crucificado y se arrepientan del grave daño que han causado, porque "Antes de venir a mí (dijo Jesús), perdánale a tu hermano el daño que le has hecho, después entra en mi casa".

E. DOMÍNGUEZ