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FELIPE JUAN GONZÁLEZ GARCÍA

San Juan de la Rambla y las fiestas de San José


3/sep/02 18:28 PM
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LOS SANJUANEROS PERTENECIENTES a generaciones ya maduras hemos tenido la suerte de contemplar la evolución que han experimentado las fiestas en honor al Santo Patrono San José. ¿Quién iba a pensar, hace medio siglo, en la metamorfosis realizada? Es evidente que Jorge Manrique, si hubiera vivido el ritmo cambiante - en gran parte positivo - del último siglo, es muy posible que hubiera modificado, sin duda, el concepto que tenía del pasado y del presente.

Si hacemos referencia, por ejemplo, a las fiestas de antes, recordamos perfectamente que las gentes de los barrios más alejados y municipios limítrofes lo hacían a pie, salvo excepciones que acudían a caballo por aquellos caminos de herradura. Las bestias se ataban en las inmediaciones de la remozada plaza de Don Domingo Reyes Afonso y en la de nueva construcción de Don José Rodríguez Ramírez. La corrida de sortija era uno de los platos fuertes de entonces. Hoy, la tremenda invasión de vehículos es sorprendente.

Recientemente, hay que decir que la Romería ha ido incrementándose llegando a alcanzar proporciones insospechadas. A este respecto, nos gustaría comentar la existencia de cierto paralelismo con las antiguas Novenas al Santo. La diferencia está en que actualmente la celebra el conjunto del pueblo, además de los foráneos; sin embargo, antes se llevaba a efecto por barrios, que exteriorizaban los "piques" de rivalidad entre aquellos núcleos. Claro que hoy las vías de comunicación ofrecen la ventaja de la utilización de carretas engalanadas y otra clase de exhibiciones. El éxito de aquella "minirromería", totalmente a pie, consistía en la mejor parranda, la indumentaria, las banderas, los cohetes y la intensidad de los "jijides". Aún recordamos, con nostalgia, aquel ambiente festero que aportaban los "ventorrillos" con todo aquel sabor tradicional de la época.

No negamos los avances, en todos los sentidos, del desarrollo festero actual. Es verdad que las comisiones que asumen la responsabilidad de su mejor ejecución, lo hacen con auténtica ilusión, procurando, claro está, poner todos sus desvelos en mejorar, si cabe, las actuaciones del año anterior.

Nos congratulamos con todos los avances conseguidos en la actualidad y aplaudimos, cómo no, el que las nuevas generaciones se hayan abierto paso en todos los órdenes de la vida; sin embargo, hay detalles, según creemos, que no viene mal hacer alguna reflexión. La siguiente anécdota así lo refleja: en una fiesta reciente se celebraba una monumental verbena y nos llamó la atención los abundantes decibelios en la ejecución de la música bailable, hasta el extremo que se nos ocurrió preguntar al joven que controlaba la intensidad del sonido: - ¡Oiga, amigo! - nunca mejor empleados los signos de admiración - ¿por curiosidad el nivel de sonido que usted nos pone obedece a su libre albedrío, o existe alguna norma al respecto...? La respuesta, con una irónica sonrisa, fue la siguiente: "Mire, aquí hay doscientas personas que opinan como usted; pero, hay dos mil que nos piden esto". También, mirándole un poco a los ojos, le adiviné otra respuesta tácita, que era algo así como aquí, esta plaza, dispone de dos hermosas y amplias salidas para el que no esté a gusto... No hubo necesidad de más conversación, sino darle la mano, que era sinónimo de la expresión: "La juventud es la que manda"...

FELIPE JUAN GONZÁLEZ GARCÍA