Tenerife Norte
RICARDO GUERRERO LEMUS

Concursos de belleza


23/nov/02 18:31 PM
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HE TENIDO LA OPORTUNIDAD de vivir muy de cerca elecciones de reina de fiestas y misses, de ámbito local y comarcal, en varios lugares al Norte de Tenerife y me he quedado decepcionado por las bajezas humanas asociadas a estos actos.

En primer lugar quisiera distinguir entre los concursos organizados por ayuntamientos y por instituciones privadas. Los primeros suelen ser mucho más serios, ya que el concejal de fiestas suele supervisar su desarrollo e introduce cierto grado de oficialidad que los segundos no tienen.

Pero lo que más me preocupa es el grado de crueldad, juego sucio y amenazas que viven las aspirantes mejor posicionadas para ganar dichos concursos. Estas actitudes reprobables suelen proceder, en cierto grado, de coreógrafos, diseñadores o peluqueros, con un acentuado grado de soberbia o intereses publicitarios que los organizadores deben controlar. Sin embargo, otra parte importante de este ambiente viene propiciado por las propias concursantes, incitadas por madres y amigas que parece que quieren experimentar reacciones humanas en las carnes de las adversarias de su favorita. De esta forma, da la impresión de que buena parte del concurso consiste en generar un mal ambiente que va a quedar fuertemente grabado en la memoria de las concursantes.

Un profano pensaría que llegado el momento de la elección de la ganadora se acaba todo. Pues, al contrario. La ganadora comienza a sufrir, al poco de empezar a saborear su triunfo, una serie de desprecios públicos, llamadas y mensajes a su móvil, cuanto menos obscenos, que demuestran que se produce una fuerte descarga de frustraciones en ella. También empieza a sufrir una presión de mercadeo de su imagen al menor costo posible, que plantea dilemas a los padres, que no saben hasta qué punto frenar los sueños de su hija. De todas formas, lo que a mí más me preocupa es esa forma cruel de descargar frustraciones en la ganadora que tienen algunas participantes que pierden. Creo que estas actitudes están generadas por una educación o cultura que se está incentivando desde distintos medios de comunicación que predican el derecho a los cinco minutos de gloria a cualquier precio, con los consiguientes beneficios económicos. La belleza tiene un cierto grado de subjetividad que las aspirantes y su entorno deberían comprender, sin intentar generar frustraciones y menos, en una edad tan temprana. Ojalá se encontrara la forma de rentabilizar económicamente actividades humanas, que su desarrollo enriquece a quienes las practican, y que sobresalir en su ejercicio no tuviera importantes inconvenientes sociales.
RICARDO GUERRERO LEMUS