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LOS REALEJOS ELPIDIO H. TOSTE

Polución inmobiliaria


18/ene/03 18:33 PM
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EL DÍA ha amanecido borroso. El mar, perezoso y espeso. El cielo, con nubes de mil tonos de gris oscuro, escapadas de la panza de burro.

Más cerca, el sembrado urbano. Los ruidos, también urbanos y recargados de decibelios. El ambiente, fresco y húmedo, con biodegradante malolor a bióxido de carbono, mientras nuestra ínsula toda, se presiente dormida y caminando a tientas.

Azorado, aunque impasible, el escaso paisaje a la vista, se deja contemplar, adornado como está con hasta ocho (¡!) grúas desiguales, acá y allá. ¿Cuántas habrá en nuestro territorio?

En el camino, nos hemos dado de narices con esos cartelones grandotes y agresivos, de ¡Aquí se construyen equis viviendas". Y aquí, y allí, también.

Nos atraganta barruntar que aquellos llanos de cuidada platanera, vistos están ya para sentencia.

Con la moral medioambiental por los suelos, se nos atraviesa que terrenos y terrenos, que antes fueron de rústico verdor, se hayan convertido sin rubor, en urbano suelo. Razones haylas: tenemos necesidad de suelo urbano para edificar.

Pero parece, también, como si la Isla y la madre naturaleza se nos estuvieran escapando por entre las manos de un insensible egoísmo, en forma de frenética actividad inmobiliaria, aderezada con la agravante de una población ya espesa, y que no deja de crecer: en esta insular hospedería, tan limitada... ¿cómo podremos dar tanto alojamiento, tanto sustento; tanta infraestructura?

Confíemos: quizá, también, doctores tenga el Gobierno.

LOS REALEJOS ELPIDIO H. TOSTE